16.2.06

MACABRU

El hielo es mi casa. El dolor, la ira, la angustia... ¡chorradas! No hay una sola imagen que no evoque risa. Aún no he encontrado a nadie capaz de dar una imagen de lo horrible; ni en palabras, ni en fotos... en ningún soporte. La costumbre de la masacre y la ira limpia todo lo que manche de afecto el poder que uno tiene sobre Satán, El Gran Servidor.
Los que citan lo elevado, lo duro, lo macabro; los que pintan el oscuro infierno con los más grandes tormentos no hacen más que comedia sin ápice alguno de tragedia ni drama.
Desde siempre hay una cruz que gira y guía, y gira y gira para guiar girando. Una cruz por encima de dioses y humanos, por encima de todo, una cruz más indolente que el todo y la nada. A esa cruz nadie escapa porque con cada uno de sus brazos cercena las cabezas de quienes gimen o respiran. ¡Oh, tú, Cruz de El Gran Servidor! Latente como el plasma de todos los orígenes.
Los payasos no se suicidan, la cruz acaba con ellos por ser payasos y hacer risa donde sólo ha de haber predominio y dominio hasta la devastación de todo suelo por la sangre que lo convierta en costra. Sin compasión.
Los celos: ¡grotesco sentimiento! El desprecio: el único estigma de los iniciados. El amor: un dardo sobre las esperanzas para labrar la tierra con los cuellos de quienes son incapaces de girarlos. El juego: ¡lo más grande siempre que se juegue con las vidas y se las muestre como el polvo que son bajo la Gran Cruz que gira y aniquila! El suelo y la sangre: los únicos fundamentos de todo mundo.

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