19.2.06

Música

La música, a veces, es compañía.
La música es la ciudad y sus recovecos vistos desde el cielo nocturno esperanza o estrellado nostalgia.
La música no es traicionera, salvo cuando evoca luces que se extinguieron.
Tajabone y Ale Lo acompañan el fin de la noche y no importa que mañana sea lunes ni que todo acabe en estos instantes. Te sientes bien en un punto y basta.
Pero las notas pueden tejer una celda imperceptible que te lleve enjaulado a una calle del barrio de Malasaña entre Palma y Divino Pastor. Podrías imaginarte en un ciber de Palma escribiendo las últimas letras de una única despedida. Podrías recordar que no hay cicatrices ni heridas; y que persiste el amor -sí, el amor- insatisfecho ya para siempre. Si eso sucede es mejor no estar sobrio y pensar que amaneces bien frío sobre la Plaza de Dos de Mayo ajeno a los dolores del mundo.
La música es pasajera como los temores y las esperanzas. Se desvanece como cualquier promesa o amenaza.
La música es la perspectiva desde la que contemplar el corazón hecho añicos.

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