Claves
No injerencia; y a esta omisión llamarla respeto. No es otra cosa un muerto sin cementerio.
Esta es la puerta del antes y el después. El instante. Todo está repleto de instantes. Pero decirlo cansa, escribirlo cansa. Hay que pactar con la decepción; tan sólo eso basta para lo que se pretende... Y no se pretende nada. Ni más ni menos, nada.
Nadie debería malinterpretar la única verdad; ni cerrar los ojos a esta venerable oscuridad.
Llevamos mucho tiempo muertos y confundiendo la última desesperación con la virginidad y con la esperanza. ¡Pero qué equivocados estamos! Tan manoseados por las circunstancias hemos perdido hasta la vergüenza de reconocernos en el estado que actualmente presentamos.
Se olvida muy fácilmente; por eso la guerra siempre se sentará a nuestra mesa para mostrarnos cadáveres familiares. El olvido se paga.
No injerencia, sumisión, obediencia... Y a esta mutilación castradora llamarla respeto. ¿No es risible? La educación no debería ser una costura para esos labios que sangran reclamando a un eléctrico bisturí todas las hemostasias.
¿Por qué nos hemos suicidado?

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