Para mí mismo y para el diablo que hay en mí.
La lucidez se ofrece en momentos, es un don puntual y efímero. Y suele ir asociada a la decisión de despreciar. Y cuesta mantener esas decisiones, como he dicho fruto de un instante de lucidez; por eso hay que hacerlas firmes. Para ello hay que hacer una especie de pacto mediante el que mantener lo que nace en esos sagrados instantes.

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