24.3.06

"Que nada te altere. Piensa que en este mundo cada cual tiene lo que merece. La naturaleza no es injusta. Es la idea de justicia lo que es injusto. Al que se queja, no le escuches; quiere y necesita quejarse. Al que se considera simple y vulgar, no le retires su simplicidad ni su vulgaridad, porque forman parte de su esencia. Al que sufre, déjale sufrir. Sin su sufrimiento no es el sufridor que desea ser -y que desea ser un sufridor lo demuestra su perpetuo lamento más o menos silencioso-. Al que denigra a cada instante, al que protesta, al que se rebela; déjale. Que se monte sus rebeliones hasta donde pueda; no es más que un grano de arena y, aun con otros millones de granos, no abultaría más que un pequeño castillito de arena.
Que nada te soliviante. Todos están donde deben estar y donde quieren estar, aunque se lo oculten a sí mismos. Tú sólo sé tú mismo y di lo que piensas como si fueses mortal y, por eso mismo, no te asustase lo que dijeses. Hagas lo que hagas y digas lo que digas el final es el mismo. Y el modo de finalizar no importa nada.
Los imbéciles no deben recabar tu atención. Los superiores, al modo de dioses, tampoco. Ni unos ni otros han de tocarte la ropa. Debes estar con quien te acepte o, si no, estar solo. Y si decides que la soledad es lo más sagrado y paradisíaco, entonces estás por encima de todos y perteneces a una élite que jamás podrá recriminarte nada, hagas lo que hagas, aunque llevases a cabo el más aborrecible de los actos. Si la soledad se ha convertido en tu orgullo y tu soberbia, todos son tus esclavos; y lo son hasta el punto de que no te importa para nada su existencia. Si eres así, los simples y los necios son todos los demás. Bienvenido entonces a mi tierra, donde los que hablan están muertos."

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

No suelo prodigar calificativos; pero... hermosamente cierto.

marzo 24, 2006 4:37 p. m.  

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