Apurado en lo imposible como ando, arranco unos segundos para exponer la verdad que me ha sido revelada:
No somos nosotros quienes decidimos cuando creemos hacer las cosas más sublimes y encantadoras o las más nefandas y aterradoras. El infierno y la gloria no los merecemos por méritos propios, sino que nos han sido concedidos por una fuerza ajena a la que nuestra conciencia pudiera emprender.
Nadie hace el mal a sabiendas; y nadie obra lo que le encumbra proponiéndoselo. Todo es dado.
Mar

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio