Me quiero ir con la tarde. Yo no soy más que esta puesta de Sol. Me quiero ir como lo que fui: mensajero, ángel o cartero de noticias imposibles. Dicen que cada uno tiene su momento de gloria y de intimidad -quizás son lo mismo-; un momento para decidir el ocaso que le respirará como último aliento. Y yo me quiero ir en primavera. Porque cuando es la felicidad la que habla con palabras de despedida no hay que dejarla callar. Pertenezco a un árbol de titanes que decidieron irse por sus propias ramas en primavera. Cada vez las palabras van a menos, pero la intención y el acto van a más.
¡Ay, ocasos de primavera!

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