Propósitos humanos.
No dañar a quienes andan encorvados; porque en su joroba albergan inquina.
No confiar en quienes te sonríen como si un laxante les purgase las entrañas.
No dar la espalda a los enanos que pudieran enamorarse de tus almorranas.
No escuchar a quienes se mueren por brillar, pero que nunca caen muertos.
No responder a quienes te pregunten con una jeta partida por el desencanto.
No dar la mano a quienes la tomarían como una parte que saciase su cueva.
No intimar con quienes venden cara su intimidad, porque carecerán de ella.
No asentir a quienes predican con ínfulas prestadas y ceñidas sobre astas.
No vender como revelado el vómito que otros quieren purificar en tu boca.
No cesar de golpear a quienes no cesan de martirizar con disfraces de paz.
No descender ni un peldaño de la escalera que sólo ven tus delirantes ojos.
No caer en la tentación ni en el pecado de compadecer a quienes lo desean.
No levantar tu mano a quienes de ese modo la quieren ver para ser santos.
No escupir ni una palabra sobre quienes buscan ser el orinal de lo elevado.
No pervertir a inocentes que te escandalizarían si mostraran lo que han sido.
No aconsejar a quienes con la consistencia del agua buscan sólo desembocar.
No mirar los ojos en cuyo iris de paz se camufla el resplandor de la envidia.
No dialogar con los monólogos nacidos para ser masivamente pontificados.
No albergar a quienes se cobijarán en ti para incubar la ira en tus entrañas.
No amar a quienes nombren la palabra "amor", porque ya no son inocentes.
No ser puro con quienes se dicen puros, porque ya saben qué es la pureza.
No dormir con aquellos que buscan ser tu sueño, pues despertarás muerto.
No escuchar jamás al corazón, cuando siendo sordo podría seguir latiendo.

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