Una serena consagración de la primavera.
Verdaderamente, el texto del post anterior ha sido leído con humildad y respeto. Cuando lo puse, no tenía ni idea de que esas palabras serían radiadas esta misma tarde.
Curiosamente, Nietzsche en sus momentos más jubilosos latía bajo vientos franceses; su obsesión por Carmen no tenía límites. Los vientos de Francia le aportaban ligereza, aire, ¡vida! Hoy su intempestivo texto ha estado acompañado de esa ligereza, de ese aire y de lo que le arrebató hasta la locura: de vida. Brel prestó su voz a la canción del loco, haciendo brillar la oscura plaza con la verdad de un vals. La melodía de una voz que narra o de una voz que canta o de un vals que es danzado es la única verdad necesaria para vivir.
Esta tarde el loco dejó la linterna hecha pedazos, paseó por un jardín que sintió como suyo y de todos, respiró el aroma de un té virtual e inspiró la serena felicidad de la primavera.
Los eventos más memorables, los instantes más gozosos, los compartidos por compañeros de viaje "desconocidos" surgen sin premeditación (y, por supuesto, sin alevosía). Y los martes vuelven a ser mi día favorito.
"Hay lugares para morir... y lugares para renacer... y lugares para ser dioses después de Dios" :)

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