Desbarre de fuego

Sé que hoy tus zapatillas de esparto serán las aladas sandalias de Hermes. ¿Me revelarás los secretos perdidos? Y aunque no haya secretos ni enigmas, serás bienvenida.
Soy feliz, porque el mundo ha estallado como una estrella y he oído explotar carcajadas bestiales de quienes se sublimaban en la nada.
Soy feliz, porque las porteras se quedaban en sus porterías y los buitres en sus cañones. Todo en su lugar, todo en su sitio. Y nos dejaban en paz, la paz del cielo del oeste, la paz de los campos inviolados por la nariguda bruja del este.
Los soles deben caer en el ocaso, las luces deben apagarse, los fuegos extinguirse; al menos los soles, las luces y los fuegos del mediodía. Es hora de ser noche y hacer la noche.
Este salón es una nave inmensa bajo la cúpula de las estrellas. Aquí estás tú, bailando, bailando extrañamente. Rodeada de clavos, sajando mi piel, bebiendo mi sangre. Ven, beberé de tu sangre, seremos dos por uno y cero entre mil. Baila; baila como los ángeles que llevas en tu nombre, no me importa su tendencia -todos sirven al mismo señor y sólo hay un señor gris como la carne que ha de ser incinerada-. Desata todos esos ángeles que debían servirte, ¿por qué has tenido tú que servirles? Eres más alta que todas sus esperanzas.
Ven bailando, dame tu carne, clava tus clavos en mi garganta; saja mi carne, rompe mi piel y llévame dentro de ti hecho pedazos. ¡Comúlgame! Tienes toda la fe para ello. Comúlgame después de que tus pies hayan rozado mis labios. Libérate y libérame desde el ocaso.
Babilonia no necesita palabras, ni sus celestiales aberraciones traducción. El juego de Babilonia sólo lo juegan los que deciden morir sonriendo en un lodazal de inocentes perversiones. ¿Cuántos acordes componen un beso que succione tu corazón y lo lleve al mío? ¿Cuántas distorsiones puedo aplicar a mi Fender mientras la estrellas contra las estrellas? Libera a los ángeles de Babilonia, sin por ello dejar de ser su luz más alta.
Babilonia no quiere lenguajes de muerto ni pieles envejecidas por el hastío y el desuso. No agoniza ella, sino sus adiposos culos que no quieren arriesgar ni un duro por lo desconocido. No agoniza Babilonia, sino sus banqueros del placer.
Llega la noche. Estarás cansada, vencida, sumisa al viento de lo que deba ser. Desde esa caída dominas cada latido de mi noche. La fuerza de mil genios habita en mí. Próspero ha convocado a quienes le sirven y ha llegado el momento de culminar las cimas. La Tierra no bailará otra traslación para mis ojos, pero en esta última danza te haré libre. El idioma de los ángeles palpita en tu lengua, el ultramundo ha dejado estelas en tus ojos, el alba te ha nombrado su heredera. Que el último beso sea, y que al ser venga de ti. Porque la muerte ha sido vencida con tu presencia.

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