Desheredados.
Somos los desheredados de la tierra. Nos lo han quitado todo. Nos han intentado convencer de que nada nos pertenecía. Y además hemos necesitado creer que era así.
No hemos insistido, por eso no hemos arriesgado; no hemos arriesgado, por eso hemos desistido. Pero otros tampoco han insistido, ni arriesgado; sin embargo, no han desistido. Simplemente han mirado hacia otro lado.
No admiro, ni estimo, ni respeto a los que tuercen la mirada cuando el horizonte es sombrío y el horizonte tiene nombre y apellidos. No comparto las convicciones de quienes no son capaces de torcerlas en lugar de la mirada cuando el horizonte es sombrío y tiene la forma de un ser querido. Entre nosotros, los desheredados, no hay perdón para el que olvida con la memoria intacta. El que deserta por miedo a ser contaminado no nos importa; porque el que intente salvar su vida, la perderá. Así habló el primero entre los desheredados.
Somos los desheredados de la tierra. Vivimos como podemos, sin otro poder que el de vagar sedentariamente en una habitación a oscuras. ¿Por qué nos molestan con preguntas? ¿Por qué fingen interesarse por nosotros? Incluso como excusa o pretexto no merecemos ese interés ni esa molestia. ¿Por qué no nos dejan en paz? No tenemos nada, cualquiera puede verlo; entonces, ¿por qué se ríen de nosotros? Somos muertos y queremos que nos dejen en paz; porque nada ofende y humilla más a un muerto que una falsa promesa de resurrección.
Han vaciado el humo sobre nuestros rostros. Hemos sido eco de risas burlonas y diana de desprecios burlescos. Se han comparado con nosotros para parecer elevados. Nos han convertido en pedestal anónimo para lucir la vergüenza. Y aun después de muertos no quieren dejarnos en paz. ¿No pueden comprender, ellos que también sufren -y que a pesar de sufrir humillan-, que basta un poco de lluvia para que todo se convierta en barro?

1 comentarios:
... Y todavia sueñan con ser los salvadores de su patria...
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