El sábado por la tarde un psicólogo que acaba de terminar la carrera solicitó mis servicios. Me pidió ser su conejillo de indias para esa prueba que casi todo el mundo conoce. La prueba consiste en conectarte unos electrodos a la muñeca y ver cómo reacciona tu piel ante una serie de diapositivas en la que aparecen imágenes y palabras "normales" e imágenes y palabras no tan normales y que pueden "despertar" tu sensibilidad. Palabras como "comida", "letra", "follar", "puta"; "papel", "sonido", "fuego", "eyaculación"; etc.. pasaban ante mis ojos. También imágenes de todo tipo (muchas de sexo explícito).
Para mi sorpresa, y sorpresa también para el compañero, una palabra hizo que el aparato se volviese loco. Pero no solo el aparato, mi brazo descargó una convulsión cuando vio en la pantalla una palabra determinada. Como pago a mis servicios de rata de laboratorio, le pedí a este psicólogo que me ayudase a vencer esa reacción de rechazo de mi organismo ante esa palabra, que me ayudase a no sentir la tremenda aversión que me produce y a no sentir atracción alguna hacia ella.
"Lo que más me sorprende", dijo, "es que palabras de fuerte carga semántica no hayan producido en ti el más mínimo efecto. Se puede decir que te encuentras desensibilizado o, debería decir, "humanizado¨ en el sentido que esa palabra tiene en nuestro tiempo. Y respecto a la palabra que ha producido tu reacción no hace falta hacer nada especial."
Entonces el chico me dedicó un sermón que, en cierto modo, me alivió -por más que ya lo conociese y lo tenga bien introyectado en la sesera-.
"La palabra "amor" está cargada para ti de viejas concepciones. Así como las palabras que podrían mostrar reacción en alguien de moral puritana en ti no causan efecto alguno, la palabra "amor" produce una extrema repulsa en tu organismo. No es extraño. La repulsión proviene de una concepción fuerte de ese término por tu parte. La has vinculado a una caracterización clásica del hombre y te repele escucharla o leerla en estos tiempos. Lo que debes hacer es asociar esa palabra a lo que realmente significa. Por ejemplo:
Si alguien te ama, te engaña. Si alguien dice que te ama, significa que satisfaces su egoísmo o su autoestima, pero nada más. Si alguien te habla de amor sólo quiere que estés ahí, nada más. "Te amo" no es más que un "¿sigues ahí?" "¿estás ocupado?" Para nada tiene que ver esa palabra con compromiso alguno por parte de quien la profiere. Eso es lo que produce tu alergia, pensar que hay algo de compromiso, entrega, lealtad o vínculo en el amor. Pero conscientemente tú no piensas así... Y dejarás de sentir así. Es una vieja rémora de una educación clásica y represiva. Cuando leas o escuches que te quieren o te aman piensa que habla el egoísmo del individuo y nada más. Es un hálito de la carne que pide ser reconocida, pero una carne que no movería un dedo si te viese agonizar. ¡Al contrario! Mirarían si llevas alguna muela de oro para arrancártela antes de morir. El amor es voracidad, carnicería, vampirismo; autolisis, vivisección, dinero, transacción de células; vómito, impureza, hastío, abstracción. Cuando logres asociar realmente la palabra "amor" a esos otros conceptos, ya no mostrarás rechazo alguno. Sentirás ante el amor lo mismo que ante "vómito", "impureza", "dolor", "vivisección", etc; es decir, nada."

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio