Hace unos momentos atravesé un instante de eternidad.
Nada de lo que hasta entonces había sucedido permanecía ya. Ni como recuerdo, ni como vivencia ni como experiencia. Antes de llegar a ese punto pensaba en mis miedos y en mis esperanzas y, entonces, todo se condensó en un punto. Ninguna preocupación, nada, absoluta y pura vivencia de la nada. Creo que eso es lo que buscan en el budismo como consecuencia de demasiados sufrimientos.
En mi caso todo se ha sumido en un punto en el que la voluntad se extinguía del todo. Lo más notorio es que ni la idea de una vida perdida ni la idea de la muerte imponían ninguna emoción. Todo era natural, puro, nada.
Pensaba en mi ciudad favorita, París, en mi músico favorito... Después me vi al día siguiente tal y como me veo ahora, pero con un evento más disfrutado, con una descarga más de neurotransmisores liberada. ¿Y qué? Entonces sobrevino el apagón. Y nada, ningún compromiso, ninguna promesa, ningún dolor; nada.
Quiero registrar ese punto como una cruz invisible, como un sudario convertido en amigable placenta, como una dentellada de polvo.
Hace unos momentos atravesé un instante de eternidad.

1 comentarios:
Hace unos momentos he padecido o gozado esa misma vivencia. He deseado de un modo neutral morir en ese instante. Pensé en quienes he querido, odiado y despreciado y, de repente, se difuminaron. No más sufrimientos, ni goces ni esperanzas... sólo el vacío de una muerte indolora y la necesidad de un tránsito insensible a ninguna parte. Ha sido como comulgar con la soledad al ver que todo lo que te rodeaba no podía aportar nada porque no tenía que aportar nada. No sé explicarlo. Pero creo que me entenderás, porque me parece que somos bastante similares. No sé qué pensarás tú; pero ha sido un momento en el que deberíamos haber muerto los dos.
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