Mayicomunión.
En un bar cercano se celebraba ahora una comunión. Un gesto más de hipocresía. Los familiares, bien vestidos (algunas invitadas bien desnudas, con escote hasta los pies y a lo Marta Chavarri en lo que a tapacubos se refiere), celebraban una fiesta porque Nuestro Señor Jesucristo había sido recibido por primera vez por una niña. La niña era un ángel y, cosa rara, ha hecho que surja una emoción indescriptible en mí. Pero, ¿los familiares? Han bastado nueve tintos de verano con los que he regado mi alma para recoger en mi disco duro las conversaciones de los invitados. Cuando la niña salió un momento, unos se pusieron a hablar de inversiones, de escándalos filatélicos, de cómo debían joderse los que han sido estafados por no haber tenido ni puta idea de lo que se hacían. Otros (otras) hablaban de cómo follar esta noche de sábado con "Jenry" y con Íñigo, dos compañeros de clase capaces de hallar petróleo donde sólo hay carencias. Otros hablaban y decían: "Pobrecita, qué guapa está, qué pena que con el tiempo se dé cuenta de que todo esto es por los regalos". Y cuando llegó la niña, "¡pero qué guapa estás! ¡Pareces un hada!" "Eres una estrella, vida mía".
¿Qué puedo pensar de esos tubos de mierda cuando se ponían la máscara delante de la niña?

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio