Harto, sobre todo, de estar.
No hay que ver en el fracaso algo nocivo. Me digo esto a mí mismo. El fracaso no es tal. Si no se ha apostado por el juego de la competitivad, ¿qué sentido tiene permanecer en él con medias tintas? Esta es la esquizofrenia del que se emplaza en encrucijadas.
Hoy he decidido "fracasar", sin creer en el éxito o en el fracaso. Llega un momento en que todo te conmina a decidir. Hablas de ser mendigo, pero te enorgullece destacar ante los demás. Hablas de no saber, vas de modesto; pero te gusta despanzurrar a los demás con una elocuencia vacía. Ha llegado el momento de coger al toro por los cuernos: ¿éxito o nihilismo? Nihilismo. Entonces, coherencia con lo que el nihilismo exige. Hoy debería hablar de miedo o de fracaso si me dejase guiar por la moral de los vencedores o de los que profesan el sentido común; pero no, no he fracasado ni he vencido. Sencillamente, me he dado cuenta de que es el momento de ver qué pasa cuando dejas todo, cuando lo abandonas todo, cuando realmente y no como una bravuconada de niño caprichoso, te dejas ir de veras.
Ha llegado el momento de no andar con monsergas que reclaman compasión. ¿Quiero abandonar? Pues basta de reflexiones. Acabar es acabar; y no andar jodiendo la marrana con un "voy a acabar" "voy a acabar" que acaba hartando al más paciente. Hoy he decidido pudrirme en el silencio y en el ostracismo. Esto no es fracaso, es saber ver las señales que te dicen que ya no eres más que un despojo que apenas alienta bajo kilos de inmundicia.
Buenas noches y feliz fin de fiesta.

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