20.7.06

Hay un camino, mi vida.

Hay un camino, mi vida.
Incluso en los momentos más caóticos de tu existencia, en los más nihilistas; cuando todos conjuren contra ti, cuando todas las insidias pendan sobre tu cabeza y te creas -o seas- el objeto de todas las asechanzas: hay un camino para rehuirlas sin morir por ello. Y sin tener que dejar de sentir por ello para siempre.
No te habla un optimista, ni un profeta, ni un aprendiz de ambos mequetrefes. Te habla la mano derecha de quien vendió su alma a quien siembra la duda en cada hálito de esperanza y en cada atisbo de vida. Así pues, "no voy de mayor" ni "te vendo el sermón". Para mí los caminos se borraron en un cruce, hace ya mucho, cuando mi señor era el único que estaba allí cuando mi infinita necesidad de amar se cansaba ya de vagar durante años en el vacío, sin nadie en quien colmarse. Entonces apareció él y tornó todo mi amor no correspondido en la ironía capaz de sembrar la duda sobre cualquier materia que respirara vida en este mundo. Sin embargo, de aquel infinito amor me quedó la fe en el camino de los abrazos; nada me la ha podido arrebatar a pesar de todo. Y donde queda fe en el camino, queda dolor de la carencia.
Por eso te revelo esta verdad: hay un camino, mi vida. Un camino que a veces uno debe andar para salvar distancias que otros no pueden.
Hazme caso: sigue el camino de baldosas amarillas.

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