Lento y fácil
Les ves pasar por las calles, con su sueño, con su nube, con su aire. Y no importa que no corra ni una brizna de aire o que no haya ni una nube en el cielo; o que sea difícil un sueño o que las baldosas estén rotas. Ni tampoco importa que los pies no puedan andar o que los ojos no puedan ver por qué calle hacer andar a los pies. Ellos siguen, igual que sus padres, que sus abuelos, igual que Adán y Eva, igual que Dios. Y parece ser que ahí hay que parar, porque a Dios no se le puede tocar ni un pelo ni un concepto.
Les ves bajar por las escaleras: son los hijos de los hijos; pero iguales en lo esencial. No, iguales no: idénticos, compañero, idénticos. El sueño, la nube, el aire... son los mismos. Se enamorarían de quien les subiese por la escalera hacia ellos, tuviese la edad que tuviese y vistiese el andamio que vistiese.

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