28.7.06

Más cerca

Cuando estás mal ya no puedes ni gritar... cuando estás mal una congoja te atenaza la boca del estómago... Quieres llorar y no puedes... No sabes por dónde salir, quisieras moverte y estallar por mil sitios, pero te contiene una indecible pena que se queda ahí como un vómito que no va a salir... no va a salir. Y no sirven uno ni mil razonamientos, porque está muy claro que no depende de la razón ni de la voluntad.
Estás metido en un laberinto y todo amenaza y todo calla y todo se burla y todo pasa de ti. Quieres hablar, pero no puedes; debes callar, pero no puedes quererlo. Y esto es espantoso.
No hay poesía, ni corazón; ni hadas, ni genios, ni demonios, sino naúsea. Y de ésta no, de ésta definitivamente no... Pero no sabes si será así o no. Y no te puedes emborrachar, porque hay como una lanza en el corazón, en la boca del estómago, en la frente y en el occipital que ya impiden que una sola gota de alcohol pase por la garganta. El engaño ya sabe a engaño con sólo olerlo. ¿Y quién tiene la culpa? ¿Y qué te ha pasado? ¡Pero si estabas tan bien! Y ahora mismo buscaría sin embargo...
¡Cuántas lágrimas que no se pueden llorar por lo no querido! ¡Cuánta soledad que nos ha barrido de un plumazo hasta las ganas de morir con la decencia de un ser racional!... No llega el sueño, ni las ganas de salir, ni el afán de una sola copa de lo que sea... Y no logro llorar por el "ya no", ni por lo que no se podrá resistir, ni por... Y no logro vomitar... Ni puedo ahogarme, ni puedo hablar, ni puedo escucharme.
¿Cuántos peldaños me quedan por bajar? Dímelo tú que estás preparando mi caída.

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