
Si fueses plenamente consciente de las burlas a que eres sometido por tus infundadas esperanzas, admitirías lo inevitable. Y no consiste en otra cosa ser uno mismo. Pero, si te obstinas en ser el objeto de una imaginación desbordada, de una voluntad caprichosa y de una razón amortajada comprobarás que, por mucho que lo intentes, no puedes huir... de mí.
Cada vez que esquivas "los malos pensamientos" y te vuelves "puro de corazón" has recibido lo que merece el puro corazón. Nadie es puro corazón y, ¡mucho menos!, un corazón puro... ¡nadie! Pero... esto es algo que yo no tengo que demostrarte. Sin embargo, la frustración y la necesidad de un eco o de un reflejo pueden volver vulnerable al más fuerte y romper su círculo. No cometas nuevamente un error. A este punto y a esta oscuridad, a esta maligna genialidad pocos llegan; considera que el precio que has pagado es justo.

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