Una historia triste
Le elevaron demasiado alto; y no vieron al hombre.
Le hundieron hasta el fondo; y tampoco vieron al semejante.
Vieron en él sus más grandes esperanzas y los más despreciables temores, pero no al hombre.
Por eso le amaban o le temían; pero no le querían.
Le convirtieron en un gran cerebro, en un dialéctico puro, en un semental.
Era en los bajos momentos el depresivo por excelencia, el hundido, el mendigo; el su¡cida que tarde o temprano sería elegante en la salida.
Pero no era también el mediocre; para mediocres ya estaban los mediocres y él tenía que ser especial, debía serlo; o al menos estaba obligado a parecerlo para recibir las migajas de divinidad que no había pedido y que todos le brindaban.
Tanto le elevaron y tanto le hundieron, que acabaron por volverle loco; y ya se sabe que cualquier mediocre, en cuanto alcanza la locura, si algo es, es loco y no mediocre. Entonces le olvidaron.
Ahora deambula entre la duda, el amor y la niebla.

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