26.8.06

Ensayo de una deriva

-Recogen la basura, limpian las calles, riegan las aceras: es madrugada. Y tú no estás aquí. Las luces de las farolas, el colegio desierto, las calles desiertas. ¡Ay, amor! Y tú no estás aquí. La noche es más noche sin ti, corazón mío. Te necesito, vida de mi vida y luz de mi luz. Amor mío, amor mío, amor mío. ¿Qué haces? ¿Duermes? ¿Dónde estás? ¡Oh, amor! ¡Ay, amor! Sin ti a mi lado me falta todo. ¡Vida mía! Todo es un mar helado o un viento sin aire; me asfixia tanto tu ausencia. ¿Por qué este sentimiento? ¿Por qué este dolor? ¿Por qué esta necesidad de amarte y de proclamarlo? No puedo evitarlo. Me faltas y me falto; no soy, no existo. No pienso, no soy capaz de nombrar, me extravío. ¡Corazón de mis días, te necesito! Amanecerá y no estarás a mi lado. ¿Se puede soportar esa ausencia? No, mi vida. Yo no puedo soportarla más. Sediento de ti, hambriento de ti, sin norte ni guía: por favor, ven a mi lado. No quiero más laberintos de palabras que oculten estos sentimientos que gritan. La palabra ya cae derrotada cuando debe hablar la piel, las miradas, los abrazos, las caricias. Vida mía, estoy sentenciado por el silencio si no estrecho tu cuerpo contra el mío. Todos mis sentidos existirán si despiertan con tu existencia. ¡Oh, vida mía! Maldigo aquello que nos mantiene alejados de ese beso que romperá todas las cadenas. La madrugada cae sobre mí y tiemblo. Llega la mañana y tiemblo y me estremece el despertar como me estremecen los sueños. Sé que estás en todas partes, que todo lo iluminas, que tu encanto todo lo hace resurgir; pero me falta tanto tu presencia. Por favor, es posible romper el espacio y el tiempo por un instante; es necesario hacerlo. No hay cielo, ni Sol, ni Luna; ni nada camina ni alienta si no te tengo a mi lado.
-Disculpe, señor, ¿se puede apartar por favor? Estamos barriendo... Tenga... Se le ha caído el Don Simón.
-Gracias, noble barrendero; estaba rezando.
-Ya, ya... Hace muy buena noche para ello.
-Estoy enamorado, noble barrendero; se lo confieso. Enamorado como nunca jamás lo he estado. El amor hace que no me sienta pordiosero ni mendigo; que todo brame, que todo se pueble de sentidos, que cada objeto me hable de mi amada. Sí, noble barrendero. Soy feliz, pero a la vez estoy triste; porque necesito a mi corazón a mi lado.
-¿Fuma usted? ¿Quiere un cigarrillo?
-No, gracias, noble barrendero. Y si me permite el comentario, usted tampoco debería fumar. La vida es hermosa cuando amas y eres amado. Cuidémosla con todo el fervor que merece.
-Mire usted, noble ebrio... de amor... y de otras sustancias. El Don Simón es jodío pa el hígado. El amor es jodío pa el corazón. Rezar es jodío pa la sesera. ¡Pero vamos! Que yo le oía a usted y me creía estar escuchando alguna canción de esas de Víctor Manuel y Ana Belén. ¿Es usted compositor?
-Compongo mi vida con los haces de luz de mi estrella. No podría componer nada, nada podría construir sin el aliento de aquélla que hace de cada lugar un sendero hacia la felicidad.
-¡Ay amoooor que derriiiiba fronteeeeras! ¡Ay amooor tan necesarioooo como el Soool!
-¿Se burla usted?
-No hijo no... ¡Ea!... Mira... Ya está ahí el celador... Venga, que te ayudo a levantarte... ¡Psss! ¡Oye, Antonio! Hoy el de la 327 está pelín tocao, ¿sabes?... Pa mí que ha mezclao los presiolíticos y el alcohol... A ver si vigiláis más de cerca a los de ahí dentro, que cualquier día vais a tener un disgusto, joer...
-No pasa nada, Alberto, no son peligrosos. A éste le ha dado hoy por creerse Don Quijote y ya le ves. Pero es verdad... ya veo el Don Simón... Sí, seguro que ha mezclado. A eso de las ocho de la tarde les damos la medicación y luego les dejamos estar por aquí, por el parque. Como es verano les dejamos hasta más tarde. Pero éste está hoy para el arrastre... ¡Venga, deja!... Ya me encargo yo de él... ¡Gracias por todo! ¡Hasta mañana Alberto!
-Hasta mañana Antonio... Adiós, enamorao... Descanse usted.
-¿Dónde está el Sol? ¿Quién ha borrado la Luna del cielo? ¿Dónde está la piel que cubra esta carne viva del deseo?....
-Venga, vamos para arriba, mañana seguimos... Mañana otro poquito, ¿vale?
-De acuerdo, Sancho.

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