Antes escribíamos como antes. Ahora no escribimos. Pulsamos el teclado como quien tamborilea sus nervios sobre la mesa (o ataúd) de madera. Pero tamborilear no es escribir; hay que coger la pluma, mojarla en tinta y sudar lo que recubren los cuernos.
Luego, si todo va bien, se puede concursar y ganar, vencer, decir a otros: "¡Yo sí que sé escribir y no vosotros, juntaletras!" (Porque en cada concurso sólo juega la vanidad -y todo es vano-).
Así juego yo: a perder.
Como en El lado oscuro del corazón, acabaré dedicándome a disparar versos sin que me importe la muerte. De momento sólo necesito dinero para retirarme de madrugar para nada. Después, obtenido ese dinero que la suerte me dé, tocará realizarse como persona. Lo necesito (el dinero y realizarme como persona).
¿He de decir a las claras y sin rodeos que no tengo un duro y que sólo sé vagabundear por estas enredadas tinieblas?

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio