Extraído de mis servilletas de papel:
-Se pagaba con la vida el estar con ella; por eso era la reina de las hadas.
-Hacer el amor implica plena desnudez y plena fertilidad. Lo demás es follar, carne, ultramarinos de intratierra –y la cómoda felicidad de estos tiburones que pagan hipotecas y limpian pisos y hacen la siesta sobre látex perfumado-.
-Se creía Rimbaud, Verlaine, Baudelaire; Cortázar, Borges, Destouches y cualquier cosa lo suficientemente heresiarca como para plantar el chichi encima. Era la mujer barbuda de las disidencias, la desarraigada, la maltratada; la mandada a la mierda en mil idiomas, la vagabunda y la incinerada por deseos de todo a 0,60 euros. Así sólo podía disfrutar de los fines de semana que comienzan en lunes.
-Decía que no tengo corazón. No lo creo. Si no tuviese corazón, el primer día le hubiese dicho mi verdad. Y mi verdad contradiría todos los halagos con los que diplomáticamente mentí.
-Tengo que comprar unas barricas de Don Simón antes de ponerme a vagabundear en el otoño de la primavera.
-La calma del alcohol, la evasión del alcohol, el perfume del alcohol… El paraíso perdido del alcohol, la dicha y la ducha del alcohol, el irresistible alcohol; el sedante alcohol, el benefactor alcohol, el poético e invisible alcohol… El amoroso alcohol, el rancio e incruento alcohol, el autolítico… sí… el autolítico alcohol.
-Se pagaba con la vida el estar con ella; por eso era la reina de las hadas.
-Hacer el amor implica plena desnudez y plena fertilidad. Lo demás es follar, carne, ultramarinos de intratierra –y la cómoda felicidad de estos tiburones que pagan hipotecas y limpian pisos y hacen la siesta sobre látex perfumado-.
-Se creía Rimbaud, Verlaine, Baudelaire; Cortázar, Borges, Destouches y cualquier cosa lo suficientemente heresiarca como para plantar el chichi encima. Era la mujer barbuda de las disidencias, la desarraigada, la maltratada; la mandada a la mierda en mil idiomas, la vagabunda y la incinerada por deseos de todo a 0,60 euros. Así sólo podía disfrutar de los fines de semana que comienzan en lunes.
-Decía que no tengo corazón. No lo creo. Si no tuviese corazón, el primer día le hubiese dicho mi verdad. Y mi verdad contradiría todos los halagos con los que diplomáticamente mentí.
-Tengo que comprar unas barricas de Don Simón antes de ponerme a vagabundear en el otoño de la primavera.
-La calma del alcohol, la evasión del alcohol, el perfume del alcohol… El paraíso perdido del alcohol, la dicha y la ducha del alcohol, el irresistible alcohol; el sedante alcohol, el benefactor alcohol, el poético e invisible alcohol… El amoroso alcohol, el rancio e incruento alcohol, el autolítico… sí… el autolítico alcohol.
-Faltará la respiración y faltaría más que no fuese así en condición de mortal.
-"El que se pica ajos come", reza el adagio, el puto adagio (picado me veis, n'est-ce pas?). Pues me gusta el ajo, sí, me gusta; pero no me pico. ¡Al contrario! Me rasco sin picadura previa.
-Morirá papá, morirá mamá, morirá lo querido y lo odiado; resurgirá la nada y me acostaré temprano. Soy un cerdo con vocación de jamón serrano: ¡devoradme! (Comenzad por el centro o besando ese lugar en el que, dicen, amargan los pepinos).
-"Entre los médicos hay también mucho trastornado y mucho purista... Guárdate de ellos o te entierran". ¡Siempre pontificando, mi querido lord, siempre pontificando! "Tanto tienes, tanto vales. Y si no es así, demuéstramelo". Aún guardo esa espinita... no he podido demostrar lo contrario... ni yo, ni nadie que conozca.
-Pagamos por todo: por llamar, por vivir, por beber; por respirar, por sonreír, por follar... ¡Por todo! ¡Absolutamente por todo! Pagamos hasta por el placer de matar... ¡Dios mío! ¡Cerdo mío!
-Ella caminaba desnuda por la habitación... Siempre estaba desnuda... Desde la cabeza hasta los pies, ¡en bolas! Los muros, mientras, por dentro; como se decía antes: dentro por el calor (¿o por el miedo al calor?).
¡Ah! Mis servilletas de papel... No entro en ningún bar que carezca de ellas.

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