Para los que le conocieron a uno (y para los que no)
La vida es partida perdida de antemano. Una mancha azul en el dedo corazón.
Las "últimas" palabras... los "últimos" no sé qué... ¡Cuánta necesidad de afecto! Pero una necesidad que, una vez colmada, no necesita más y se corrompe en su contrario.
¡Bueno, Robinson, vámonos!
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En el metro.
Una semana viene la gloria (sin calificativos) y a la semana siguiente estás donde todo termina.
Pero cuando muera no me enterrarán ahí. Es posible que no encuentren el cadáver. V. te presento a M.; M. te presento a V. ¿Hacia Puerta del Sur? ¿Hacia Carabanchel? Si ha de haber una segunda visita... mejor Puerta del Sur para saber.
No hay una muerte digna o una muerte indigna. ¿Qué merece el hombre que le sea debido? ¿A qué tiene derecho? ¿De qué es digno? ¿De qué se cree digno? Quizás -o seguramente- no sea lo mismo... Y cuando hablo de esto no recurro ya a otros autores ni a otros gargarismos. ¿Fueron esos otros escritores o figuras dignos de mi atención? Quizás se creyeron dignos de muchas cosas y sólo fueron acreedores de nada, porque la muerte les devolvió al lugar del que vinieron -la muerte y la naturaleza (sobre todo la naturaleza)-.
La dignidad es demasiado abstracta cuando se la saca de quicio. Sólo es digno lo que perdura o ayuda a perdurar realmente la naturaleza y la muerte. Sólo eso es digno. Y no porque yo lo diga, imagine o estime; sino porque los argumentos en contra han sido y serán falsados por lo que fulmina la finitud.
¿Una muerte digna? ¿Indigna? Solo la naturaleza es digna, porque tiene el poder de eliminar nuestras percepciones.
Se me entienda o no, ¿qué más da?
Oporto
Otra estación... otra arrancada... otra pérdida. Los viajeros leen a plazos, así, como sólo se puede leer bajo el suelo, enterrados en vida y transportados en vagones urbanos.
Vista Alegre
¡Vista alegre! Y tu mirada vivaracha, y tu pelo que nunca es para mí tu auténtico pelo; sino la máscara, el alimento para el sustituto, el camuflaje para cubrirte de la náusea que sientes ante mí.
Carabanchel
En mi infancia Carabanchel era lejano como un fin del mundo. Viajes y viajes para buscar un piso (mis padres). El tesón de mi madre, el dejarse llevar (gracias a Dios) de mi padre; y el final "feliz". "Feliz", y no feliz (así, sin comillas); porque al final esa dignidad que se buscaba se está derrumbando.
Aluche
La principal estación para ese Madrid que se ha expandido como un cáncer (sin morir por ello); y capaz de albergar millones y millones de células extrañas como mundos desatados. Aluche siempre ha olido a "viaje"; el viaje de los que no tienen ningún lugar apacible.
Empalme
Otra estación de infancia. Recuerdo de "me voy a quedar solo", tristeza; rumiar y rumiar huyendo de la soledad. ¡Ya ves! Huyendo de un cáncer que se expande (sin morir aún por ello).
Campamento
Fulgor hacia la tumba, rayo hacia lo extraño, vuelta hacia la noche. Ya no existe ni siquiera el recuerdo de lo que por imposible duele. El viaje hace su efecto principal: olvido y muerte; agonía y desaparición. Sin agobios... ¡tremendamente naturales! ("No te importa, ¿verdad?" Ecos que intentan desmentir). Subterráneo dolor.
Casa de Campo
Transbordo hacia Puerta del Sur
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Colonia Jardín
Expectante. Leo el panel de la línea 12. ¡Cuántas estaciones de lugares que no existían! Santa sea la expansión... Imitada sea por todas las edades. Ciudades dormitorio para la soledad; para que la soledad duerma enterrada y con el menor sufrimiento posible.
Aviación Española
Otra estación, niños y niños. Padres, niños; y los niños que preguntan: "Papá, mamá, ¿podré vivir de mayor sin vosotros?" "No preguntes esas cosas, Jesús; tú nunca estarás solo si piensas en tu cama: la cruz. Así que, vete a la cama, Jesús; a tu cama de cuatro abrazos."
Cuatro Vientos
Correspondencia con "Cercanías RENFE". "Correspondencia". Yo jamás fui correspondido. Mi intensidad era otra, mi resistencia otra, mi carga otra (una carga que ni yo mismo comprenderé ya jamás). Miedo.
Joaquín Vilumbrales
Ignoro quién fue este señor. Supongo que Google lo sabe. No tengo curiosidad. A mí la curiosidad me ha matado demasiadas veces y jamás he logrado que quede satisfecha. Llevo dentro una legión de gatos muertos por tanta curiosidad insaciable que jamás se cortado de preguntar.
Puerta del Sur
Transbordo
Andén 2
Hacia San Nicasio. Dicen que el cementerio pilla "bastante retirado". Los muertos (en vida o muertos) sí que están bastante retirados. Y sonrío. Sonrío serena y sencillamente por una muerte serena y sencilla.
Adiós Puerta del Sur. Mallas, medias negras... Sin impulsos.
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Una fecha, un nombre y dos apellidos, un cuartel, una fila y un número de tumba en el patio moderno. Cementerio Parroquial de San Salvador.
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Fin de la visita.
Una ciudad, un pueblo desierto bajo el bendito Sol de primavera.
Mi abuelo descansa. Es un cementerio amable. Desde ese punto todo se divisa. Supieron sepultar un sueño. Es un buen lugar.
Un instituto de formación, un instituto de enseñanza secundaria, un Maxi Dia... y el tanatorio. Todo junto. La muerte entre los vivos.
Y un bar cercano: Los Amigos.
Se come perfectamente.
Y ya todo está olvidado, como olvidado.
Ya nada.
Ya nada.
Soledad y silencio: día de la muerte.
D.E.P.
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No hay tristeza al otro lado. Sólo hay que ir al otro lado. Todo te lleva al otro lado.
Brindo.
Brindo.
Brindo por todo aquello que, sin creer tener dignidad, la tiene por el simple hecho de no creer en ella. Y, ¿de qué son dignos? ¿De qué? ¿Qué es lo que merecen los dignos? Un silencio de paz, un camino bajo el sol y sobre la inconsciencia. Merecen una cigarra a la que las avispas no molesten. ¿Por qué acabar con las avispas, si sólo cumplen con el placer de vivir volando? Las avispas tienen dignidad. Las avispas son la guardia de corps de las tumbas y, por ende, de los muertos. Si intentas profanar una tumba bajo este Sol de primavera, bajo este silencio, una legión de avispas creará en tu sangre eso que llamas "dignidad". ¡La dignidad! Y su hez: el "¿qué dirán?". Se ha paseado la dignidad entre mil procesiones y bajo toneladas de oraciones. ¡La dignidad! ¡El orgullo! (La peste de la tierra y de la sucesión: el cebo inexorable e incalificable de la naturaleza).
El hombre, con sus peculiaridades y excepciones incluidas, no puede tener dignidad.
Y quienes la han pretendido tener con más o menos acierto... ahí están... bajo lápidas grises... atestiguando... dando el testimonio del descanso de un búsqueda baldía. Quienes pretendieron dignidad, dejaron de vivir por una bandera. Pero no se puede equiparar la dignidad a una bandera. Las banderas ni siquiera llegan a valer el trapo que viste y soporta sus colores. Ninguna bandera es digna del entusiasmo que en ella depositan. Toda bandera es una ladrona de la vida, una ramera infectada por lo que se contamina por milenios. Ninguna bandera podrá contra la naturaleza de las cosas. Absolutamente ninguna. Y todo entusiasmo por esos trapos de polvo, tinta y barro perece pronto, se olvida pronto. Ni siquiera la falsa, hipócrita y senecta bandera de la "libertad de expresión" merece una mirada ebria o torcida.
Y todo suicidio por la cruz es como un suicidio por cada bandera. Y, sin embargo, el suicidio es el más digno acto (el único digno), que le ha sido dado al hombre. Un acto para ser actuado, no usado ni abusado por poses vermiformes.
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¡Oh, tú, tarde primavera!
¡Oh, tú, dorado Sol licuado en este cristal de orgullo!
Ahora sé que puedo morir feliz, erguido, respirando esta nada que no conoce fisura entre la verdad y la mentira.
¡Oh, tú, primavera para el olvido!
El camino largo no es largo; y toda bifurcación encamina a la desdicha de la libertad que sabe sin consuelo que va a morir.
Cada amigo me llena la copa de Sol. Y de lo que hace que el oscuro Sol amanezca: el alcohol, el néctar, la dicha: el supremo olvido de la mentira y de la arrogancia que todos escupen con un "te quiero" y con un "moriría por ti". ¡Oh, Hölderlin, bendito, amado y supremo! Amo la locura y amo la muerte contra todo juicio de científico pordiosero.
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La vuelta
No se logra olvidar del todo al principio del olvido.
Aún permanece la ternura, el tacto, la caricia: todo eso que una imagen religiosa aborta.
Todo eso que el abuelo desea para el nieto, pero que los padres castran a sangre podrida en hijos y en hijas.
Pero pronto desaparece. Queda lo absolutamente accesorio: amigos, protectores, pagadores y fantasmas. Estos últimos, especialmente, ayudan en la digestión de los afectos.
El fantasma de Jesús: ¿se ha testificado sobre este hecho? (Quien sigue a la mentira no puede seguirme a mí).
Recuerdo algún programa radiofónico. Una pareja se disolvía por cuestiones políticas. Él apoyaba la bandera etarra, ella la bandera española. Había un conflicto de mentiras aberrantes y se separaron.
Pero la religión no es una bandera. Y la ponzoña cristiana es menos que trapería y retal.
¡Cuánto daño en cada icono! ¡Y cuánto daño en lo que pretendía superar ese icono! ¡Cuánto daño en la imaginación!
Sobre el no:
Demasiado veneno.
¿Sabes lo que significa "la verdad"? No hay verdad y no hay mentira. Nadie puede llevarte allí donde tú no quieres ir. ¿Comprendes esto? Quiero que no lo olvides nunca.
Estoy triste, estoy amargado; estoy desilusionado. ¿Y qué? Aún quiero luchar por aquellos que me lean.
Intento no ser una mentira, ni un profeta. Solo quiero ser alguien tranquilo capaz de retornar a la infancia que no existió. ¿Me entiendes? ¿Eres capaz de entenderme?
Algún día comprenderás.
Que se debe luchar por un niño.
Que hay quien no ha dejado de ser un niño por mucho que crezca.
Que los hombres y las mujeres, entre los matices, son absolutamente iguales.
Que yo "preferiría no hacerlo".
Que las canciones distraen y te hunden o te elevan.
Que nadie quiere enterrarte como tus padres.
Te entierran con cariño.
Te entierran por tu bien.
Te entierran como sin saberlo.
Te entierran por los aires.
Te entierran, sobre todo, en vida.
En vida, sobre todo.
Es como una ley.
Una ley, ¿que no sirve para nada?
Gran Vía
El enterrador pierde su empleo. Todo se incinera.
Sol
Correspondencia con líneas; incomunicación con segmentos.
Entran, salen. Ella... como si no existiera lo que "no es digno" de existir.
Siempre tu dignidad...
Siempre una fe de pacotilla...

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