20.3.07

Que el tiempo no perdone lo que el hombre no haya perdonado. Y que el olvido arrase lo que los recuerdos antes no hubieran percibido. Que la preocupación que no hubiere precedido a cada ocupación se desvanezca. Que los problemas maten lo que no hubiese sido resuelto; que lo imaginario realice lo que no haya sido soñado. Que donde hubiere olvido, el olvido continúe; que donde desierto hubiere, el desierto siga creciendo. Y que el pasado pase hasta que haya presentado su futuro a cada origen. Lo que se hubiese dicho no está dicho ni por decir, sino por repetir.
Que lo feraz se esterilice y se convierta en agua de mayo para lo que no hubiere florecido entre talentos. Que cada informe muestre la ausencia del dato preciso y que la vida valga lo que un dato hubiese valido hace un millón de siglos. Que mi despedida se transforme en lo que nadie haya imaginado, en lo que nadie haya podido imaginar ni concebir, en barbecho de esperanza que anuncie lo que nadie se hubiese atrevido a denunciar. Y que donde hubiera haber, nada hubiese habido. Y que donde hubiese ser, nada hubiese sido. Y que donde hubiera o hubiese, nada hubiera ni hubiese sido. Porque fuera lo que fuese, no hay nada que merezca del ser ni el parecido.
En cada "hubiera" no había nada que mereciera la pena. Lo deseara o no, me lo propusiera o no; nada de lo que se presentara ante mis ojos hubiese tenido la consistencia de un "hay" o de un "hubiera". Para llegar a este punto muchos desiertos hubieron de ser cruzados. Lo que cada cual haya pretendido en su barquito velero, lo que cada quien haya soñado en su flotador de arena no me ha garantizado jamás que el río de la vida desemboque en la victoria de la batalla ante el imaginario enemigo del tiempo. De ahí que me acompleje ante lo que haya de suceder. De ahí que nada fuese ni sea como yo quisiera que fuese. Pero nada importa. La conclusión es clara:
Que refulja el filo de la espada que ahogue el balido que ensordece los oídos del pastor. Y donde hubiere mentira, surja la verdad del silencio. Haya paz para que los muertos descansen, haya silencio para que los vivos escuchen; haya penumbra donde la luz alumbre cegadora. Que todo cese para que el adiós deje de esconderse. Que el subjetivo "yo el primero" se desmorone y, una vez haya caído, sea lo que Dios quiera o fuere lo que Dios quisiere. El que me haya oído, que me escuche; el que me hubiera escuchado, que me odie. Y sobre todo, todos, que me amen.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio

Free counter and web stats