20.3.07

Quiero que sepas:
Que llegarán noches de verano enhiestas por la desesperación y el odio. Déjalas pasar y que te cubran. La inocencia está carcomida en un sótano del que jamás debimos salir -no volverá jamás ni en metáfora-.
Que aunque me conozcas y me ignores; que aunque me ames o me desprecies yo jamás he existido. No puedo existir al lado de lo que traiciona -y traición es lo que no se olvida-.
Que la libertad son ocho letras y la muerte más que un epitafio.
Que no me atrapará la costumbre ni la moda; porque mi ignorancia, gracias a Dios, es docta e infinita como lo eterno que no se ata a la decoración de los cobardes que se aferran a la vida en una muerte en vida.
Que mi etiqueta no es "primavera" ni "verano".
Que tu felicidad es una mirada atrás y no puedes disimularlo.
Que un pequeño pajarillo yace sobre la autovía de un sueño perdido; y yo no puedo reparar nada.
Que yo, amor mío, jamás podré ser sueño de nadie.
Que no hay "lucha continua" para mí, que busco la paz en la niebla.
Que cada vez hay menos veces en el encerado y que estoy terminando el castigo.
Que cada testamento es un puñado de letras ensangrentadas, asesinadas por "hay que vivir el día a día" -ese asesino de cualquier mirada al horizonte-.
Que me ha vaciado la "plenitud" de los otros, esa plenitud en la que crees a pies juntillas cada vez que aparentas negarla.
Que la rebeldía adocenada no es rebeldía, sino balido rebajado.
Que las agujas se clavan en la noche cuando estás ciego.
Que es la palabra la que se cuela en cada apellido de postín y que los apellidos no alcanzan nada sin la palabra: todo es la palabra -no cuenta ni importa a quién posea-.
Que sólo la palabra es digna y amable, porque se permite limpiar al hombre.
Que nada es más miserable que el hombre.
Que quien modula el aire no por ello tiene la gracia de la palabra.
Que el mar de la gracia no suele ser gracioso.
Que en cada atalaya espera la muerte tras la herida.
Que la rabia es grande.
Que la tristeza es mayor.
Que la alegría quedó en ninguna parte.
Que el amor... (sonríe, corazón, sonríe; y evita por educación la carcajada).
Que el miedo... (llora, corazón, llora; y evita por educación el suicidio).
Que rasgar y gozar y sufrir es un solo sentimiento.
Que la noche mata callando -¿quién despertará mañana? ¿Y con quién? ¿Con quién despertará la sombra de nuestros miedos?-.
Que el adiós está aquí como siempre estuvo, pero más indecoroso, explícito y frío: exhibicionista como un profanador de atardeceres. +

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