8.3.07

Y nada es igual.
Y todo es lo mismo.
Hay que nadar y andar, sentir y resentir las cosas.
Todo se pierde.
Todo se pierde.
Adiós, padres; adiós, abuelos.... Adiós, mundo entero.
Yo, el ocaso, fulminante y regio, dispongo:
De la vida de los orfebres de medianoche.
De cobijo para glandes martirizados.
De "¡no, hoy no, por favor, no!", sin reproches.
De la vida.
De las heridas.
Del bálsamo.
Yo, el ocaso, fulminante y regio, marchito, sabiéndome borracho y martirizado, dispongo:
De fuerza para pasar de quien me compadezca.
De debilidad para solicitar ayuda.
De fuerza para aparentarme omnipotente y acabar siéndolo.
De mansedumbre para gobernar la tierra.
De libertad para donarla al mundo.
De pobreza para mutilar mis ansias.
De pasión para igualarme a Cristo.
De náuseas para vomitar contigo.
De ínfulas para ensoberbecerme contigo.
De soledad para morir contigo y, sobre todo, sin ti.
De lamentos para igualarte.
De lamentos para sobrepasarte.
De una copa en la que derramarme, porque tú no te derramas.
De una crátera para ahogarme, porque tú eres mil desiertos entre dos ojos.
De un río de lava y de hielo, porque pisando sobre ti se reseca todo hasta la indolencia.
Y tú eres el hombre.
Y yo, el ocaso, regio, realmente regio y sobrepasando mi propia luz y mi tiniebla, dispongo:
Que bailéis sobre todo baile.
Que marquéis el paso para aventajar al día.
Que sentéis las posaderas sobre el oropel del granito.
Que viajéis sobre lo que os ancla.
Que dejéis a quienes os atan con fuerza de sangre.
Que dejéis a quienes os atan con fuerza de amor.
Que dejéis a quienes os encaminan tras la zanahoria "no hay soledad y te quiero, vida mía".
Que dejéis a quien os siga.
Que dejéis a quien queráis seguir.
Y que seáis aquello que os sobrepasa.
Yo, el ocaso:
Ignoro.
Me pongo.
Me opongo.
Juego a ser mayor con los niños.
Juego a ser niño con los mayores.
Juego a morir con la vida.
Juego a vivir con la muerte.
Me encaramo a los sótanos.
Me encaramo a los suburbios.
Y soy cínico frente a los hipócritas.
Y me desangro.
Yo, el ocaso ebrio y anciano, dispongo:
Que no dispongo de nada.
Que nadie disponga.
Y que Dios proponga.
-Y Dios propone matando-
-Y Dios propone ignorando-
-Y Dios propone más allá de la razón-
Yo, el ocaso, estoy harto de descender escaleras, de humillar, de ser payaso.
Yo, el ocaso, puedo dejar de iluminar y de oscurecer.
Yo, el ocaso, puedo callar y no callo; puedo silenciar y no silencio.
Yo, el ocaso, soy mar perdido, letra podrida, letra oculta; hablar de niños ciegos.
Yo, el ocaso, soy el violín tras la serpiente.
Yo, el ocaso, soy la serpiente.
Yo, el ocaso, puedo desaparecer tras la niebla y tras el fuego.
Yo, ebrio sol de la lascivia vespertina que se levanta contra la falsa inocencia de quienes se dicen humillados y ofendidos, dispongo:
Que se corte las venas el que ame desconsolado el pasado.
Que los que quieren novedad en cada rayo, se aburran.
Que los aburridos resuciten.
Que lo que alardea se vuelva verde.
Que todo florezca en el desierto para morir mañana.
Que todo sea igualmente distinto.
Yo, el ocaso, dispongo...
de una raya en el monitor que indica que el corazón está muerto

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