26.4.07

No necesito voces ajenas, ni extrañas duplicidades. Ni siquiera necesito la conciencia para testar. Hoy llueve: es un día perfecto.
Mi tristeza... persiste. Mi indiferencia... persiste. Mi melancolía, en su vaciedad, es enorme. Y nadie escucha lo que yo escucho. Y nadie puede entenderme, ni podría, por mucho que quisiera. Ninguna soledad puede entender a otra: esa es la contradicción. Siempre llega tarde la decepción (por eso es decepción, si no, sería otra cosa).
¡Qué asco!

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