Resurrección y muerte
Y que tú lo sabías, y que tú si no latías a mí ni fu ni fasol.
Y si hubo piedras en forma de calavera (Gólgota por aquí y Gólgota por allá); también es cierto que hay corazones con forma de piedra. [Primera estación, los pañuelos al viento, "adiiiio" "adiiiio". El cerdo, mientras, posando autocompasivo para Apis y cía. A mí los cerdos para tiempos en que no exista personal en la estación. Yo me debo al personal de la estación, no a quienes esperen allá en los cielos del infierno.]
Y dijo Pablo: "Cuando se ofrece amor o similares, se reciben castañas de esas recubiertas de una cáscara de espinas. Pero cuando otros ofrecen flagelación con gritos de siete colas, son respetados y admirados. ¿Qué me va a contar usted? ¡Bienvenido al club de los tontos sufrientes -valga la redundancia-! Eso no podemos evitarlo".
Y entonces lloré, porque vi cómo reían por mi llanto. Era normal. La tristeza es normal. Hasta que llegue Verónica -si llega a tiempo- y limpie la sangre y deje la rabia y el azogue para levantar lo que debió ser levantado hace siglos. Pero de buen rollito de primavera.
De acuerdo. Lo primero es lo primero, que para eso es primero. Y lo de después... "A mí no me metan en su juego de sangre, odio y desprecio", contestó el después mientras se quitaba las pilas de Duracell y la felpa limpiabarros de las dolorosas bienvenidas.
Me han cortado la cabeza; pero desde la cesta a los pies de la guillotina algunas cabezas hablaban.
Y dijo Pablo: "Cuando la ironía vuelva a usted, cuando la percepción se acrisole con la salvaje frescura de sus dardos, es posible que resucite. Pero ahora, donde usted resucitó, han restaurado la muerte. Y mi pregunta es: ¿acaso no puede hacer de su vida y de su muerte lo que quiera? ¿Por qué han de decidir otros que le desprecian a muerte? Me da igual su vida o su muerte, pero si la decide usted. Hasta ese punto estimo su ironía. Si no nos volvemos a ver, me agrada haber conocido a alguien como usted. Y si volvemos a vernos, muéstreme cómo ser un poquito Próspero, amigo; yo, a pesar de mi posición y aquí donde me ve, padezco lo mismo que usted. Pero usted tiene un veneno que cura. Si decide vivir, ¿me dará un poquito? Recuerde: yo también soy de esos tontos que al dar bien, recibe mal."
Y yo te digo, Pablo: llegará la noche en que estarás conmigo en el salón de los espejos cuando desde el centro refulja la ira de Aquiles.

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