Una palabra no hace testamento. Hacen falta varias. Y un juez o un notario, y una hembra; y un cadalso con gotitas de vidrio, y un tonel de té marca Hornimans. ¡La de cosas que hacen falta para testar con un par de testículos!
Pero, ¡basta de tonterías! ¡Basta! ¡Por el Cristo que no sufrió, basta!
-¡Psss! ¡Tú! ¡Ven aquí! ¿Sabes fabricar cosas de esas?
-¿Se refiere a eso que refleja?
-Si te parece me refiero a mi padre. ¡Pues claro!
-Sí; más o menos. Desde que tengo seis años no he fabricado otra cosa.
-¿Y te crees bueno?
-Creo que hago bien mi trabajo.
-¿Serías capaz de realizar tu obra maestra? ¿Podrías fabricar aquello de lo cual pudieras sentirte orgulloso y a la vez señor?
-Nunca sabemos cuál es la obra maestra o cuándo surgirá.
-Te propongo una cosa. Yo te ofrezco el motivo, tú levantas el multiplicador de errores.
-Mis obras no son de mucho porte; no por falta de arte, sino por falta de imágenes. ¿Tiene usted -o tienes tú- una buena imagen?
-¿Quieres apostar? Acércate. Quiero susurrarte al oído la que pudiera ser la mejor de tus obras.
(Sususrros al oído y respuesta del artista)
-¡No hay río con tanto caudal como la sangre que podría fluir de esa imagen! Acepto realizar la obra.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio