¿Y si aquí... todo? Pues como a otros, aunque en este caso sea la mía. ¿Reproches? ¿A quién? ¿Por qué? ¿Para demostrarme que soy más hábil o cruel o diestro?
Los resentimientos... ahí se quedan. ¿Amor? (Sonrío, pero sin sarcasmo, respetando a los que creen habiendo visto).
¿A mis padres? Mi existencia. ¿Es poco? ¿Aún pide más el cuarto de la ley? :) (Mejor un simple icono, ¿verdad?).
A los que creyeron en mí... ¿? ¿?... ¡Ah, sí! Eso es lo que nos enseñaban de pequeños: el conjunto vacío. "¿Puede existir el conjunto vacío?" Había que responder que sí. O sea, para los que creyeron en mí: gracias, conjunto vacío.
Por la ayuda prestada, a quienes la prestaron... ¿Qué queréis? Supongo que nada. El que ayuda genuinamente, no pide nada a cambio. Así que nada. (Y sin sarcasmo).
Me ha podido la noche (como a todos les podrá), me ha vencido el cansancio del cansancio.
¿Cómo resumes un vacío? Quizás recomendaría una visita muy, muy rápida a esos millones de blogs que están poblando el mundo. Toda esa pretenciosidad, el alarde de cultura, la pedantería y la crítica de la pedantería; la eterna, inmortal e infinita necesidad de autoestima en cada bitácora. Bitácoras, ¿de qué navegación? Si es de la que lleva a la muerte, más les valdría no haber zarpado jamás. Un buen aborto tiene más dignidad (presupuesta al menos) que un occiso. Vivir mancha.
A los que creen tenerlo todo mediocremente atado (es decir: piso, coche, familia, un para-ir-tirando y el aval que les escuda ante un banco)... Sencillamente: no os considero tontos y vuestra mediocridad era una forma de salir del miedo. Habéis convertido vuestra supuesta seguridad en un monumento viviente al miedo.
Cuando alguien sufre un grave accidente, ese alguien no puede decidir. Intervienen otros: médicos, cirujanos, sacerdotes, jueces. La partida ya no es del que ha caído y agoniza. Haga lo que haga, piense lo que piense, está muerto. Léase (mi recomendación no es tal, sino recuerdo) La Noche Boca Arriba de Cortázar.
Estos días me han acusado, tildado y objetivado como de derechas. Hace tres años me acusaban, tildaban y objetivaban como de ultraizquierdas. Como verán, no he dicho que me "juzgaran" como de uno u otro bando: el juicio es algo que no cabe en quienes acusan, tildan y objetivan.
Un médico me dijo esta semana que querría aprender de mi ironía... que necesitaba aprender de mi ironía... que estaba harto de la bata blanca, el traje impecable y la sonrisa concesiva. Doctor, de nada sirven mis opiniones, pero le lanzo una: sus pacientes le estiman, le quieren, ponen voluntaria y deseosamente su vida en sus manos. ¿Merece la pena hacer explotar un globo así con el dardo de la ironía? Quien trata con enfermos no puede ironizar, como un pastor no puede tratar a las ovejas como a lobos. [Y como un sacerdote no puede tratar a sus feligreses como si fuesen libres... y como un bodeguero no podría saciar la sed de un eremita... y como un peregrino jamás sabría manejar una brújula. No, doctor. Todo médico debe atender a quienes reptan por sobrevivir; en tanto que la ironía reclama la atención de quienes desprecian la supervivencia].
¿Y si aquí... todo? ¿Nada? Pues una repulsa compulsada por los múltiples despreciadores que en el mundo han sido.
¿Y ahora? Una masturbación y a la cama.
¿Y después? Una parada cardio-respiratoria -como Dios manda-.
¿Y el viaje al fin de la noche? Mirad, mis desengaños ya no permiten a mis pies ir más allá de Vallecas.
¿Entonces?
Concluya usted, concluye tú; concluyamos todos.

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