Como no puedo dormir, como me vence el insomnio el tiempo suficiente para que pueda escribir dos palabrillas; pues nada... allá vamos. Como siempre, dos tonterías.
Detesto la mentira y la hipocresía; pero como en cada gota de sangre (incluso en esa sangre que se forma cuando dicen "Tomad y bebed blublublú blablablá...") hay veneno de mentira, hay que aguantarse. Y beber. Yo me creo que es vinillo sin denominación de origen y me aprovecha más.
Hoy releía por enésima vez el Viaje al fin de la noche. Curiosamente he percibido cosas que antes no percibí. Me estoy haciendo jodidamente viejo y tierno; porque había olvidado algunas cosas de esa obra que se han de tener en cuenta cuando se ama (o cuando se folla -tanto monta, monta tanto-). En la amistad (follar esporádico), en los amantes (follar más continuo), en el amor (follar poco, a lo servil y con palabras altisonantes), en la diversión (follar por follar cuando se quiere follar sin más); en el trabajo (conseguir dinero para follar), en la lectura (adquirir datos para follar por amistad o como amante o por amor o por divertirse), en la comida (reparar fuerzas para follar), durante el sueño (reposo del follar), en los oficios religiosos (adquisición del morbo suficiente para follar morbosamente después); en las fiestas (caza diplomática para ejercer la follatura del círculo), en los eventos familiares (consolidación del follar como acto social y fructífero), cuando se habla por teléfono (charla que deriva del follar y al follar encamina), mientras bebemos (o regamos el riego sanguíneo que bañe los adminículos del follar)... En todos esos ámbitos y momentos, en todos esos contextos lo hipócrita, falso y mentiroso es olvidar el propósito natural de todo ello: follar. Porque ya lo dijo aquél, dos principios rigen el mundo: follar o morir. He ahí el dilema.
Y ahora un amorcillonado pis y a la cama.

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