16.5.07

El maldito

Cuando adquieres determinada edad constatas de un modo muy preciso la mala hostia de los demás. Pero eso no importa. Eso ya se conocía desde hacía mucho tiempo. Lo que constatas es que no hay ni una sola excepción.
Céline abominaba de enfermeras, médicos y comerciantes; por ejemplo. Se sirvió de ellos para mostrar el deforme proceder humano: les tomó como muestra de lo nauseabundo que es el hombre. Pero no hacen falta citas ni recurrir a Céline para mostrar una tautología como la de que nada es perfecto. Eso no necesita argumentarse. Está ahí y es lógico-matemático.
La cuestión es qué haces sin recurrir al truco prestidigitador del suicidio para sobrevivir. Porque hay que sobrevivir para ver cómo los cerdos se convierten en jamones que el posadero transforma en aperitivo por obra y gracia de un puñado de monedas. Después, las monedas acaban en la buchaca de las rameras. Ésas, como las cucarachas, sobrevivirán; serán las primeras en llegar a la costa cuando el barco naufrague. Llegarán desmochadas, sin orgullo, sin dignidad, soberbias como una rata que ha fallado al resto de la plaga. Y después repoblarán la isla y llamarán a su renuncia y a su oprobio "nueva moral". La divinidad es muy puta y hay una puta divinidad en cada rata desmochada.
No hacen falta rodeos. Para ser cruel lo que menos se necesita es crueldad. Para ser cruel basta acatar y hacer una genuflexión a cada opinión que los demás consideren inapelable y fundamentada. Si algún día despiertan, sabrán que eras cruel al otorgar en todo; pero comprenderán tu crueldad y sabrán que lo que ellos eran tenía más "delito".
El día que uno pueda sonreír cuando le hablen de "bien" y "mal", de "perfecto" e "imperfecto"; y cuando uno pueda sonreír al escuchar hablar de gente que fue apreciada y querida... estará en el centro de la perfección.
Sonrío.

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