A los venerandos desde el centro de mi ser (un ser de pocos centímetros)
Moderar el tempo, saciar el ansia del relato, acompasar las notas en líneas de "ni te lo esperas", camuflar la razón de que se razone sin ella a lo largo del cuento; cabezear y rezar, pasar con la pluma, sabiendo que la pluma se llama Sócrates Watterman... Y bla... y bla... y bla. Y más cuento y más cuento y más cuento. Disfrazar el objetivo de neura infantil pero para adultos y como con posibles hasta que la realidad se convierta en posibilidad... Y bla, y llaves, y ruedas; y Hesse de pacotilla sobre ejes de Mann. Y Dostoievski con la Nancy buscando el agujero por donde entrar para no salir sin que la Nancy se ponga a dar botes con rabietas de borreguito Norit...
Al final dejó la conferencia para otro momento. Era la hora de huir (al menos, así se lo dictó el corazón cuando dijo tic-ploff).

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