28.7.07

Ya he entrado. Ya me siento dentro. ¡Hermoso pasillo! Aquí uno es decidido. Pero no quiero decir que uno es decidido en el sentido de ser atrevido, emprendedor... no... no... Me refiero a que uno es decidido, en pasiva; a que uno es decidido por no sé qué, virado, doblegado, machacado. Pero la luz del pasillo (¿azul?, ¿gris?, ¿incolora?) es lene y amodorrante; se va olvidando y se es olvidado. Las burlas, los desprecios, la humillación: todo se vuelve desapego y se sale expelido hacia el interior de este inolvidable túnel.
Les dedico (a ustedes, fantasmas) un cuento que seguramente conocerán:
Una vez un rey hizo una fiesta e invitó a las princesas más bellas del reino. ¡Vaya cosa!
Un soldado que hacía guardia vio pasar a la hija del rey, que era la más bella de todas, y se enamoró de inmediato, ¡mala suerte! ¿Qué podía hacer un pobre soldado? Ella era la hija del rey. Caray. Aun así, un día logró encontrársela...... y le dijo que no podía vivir más sin ella. La princesa se impresionó tanto de su ímpetu que le contestó: Si sabes esperar cien días y cien noches parado bajo mi balcón, el último día seré tuya. Inmediatamente, el soldado se puso a esperar. Un día, y dos y diez... y luego veinte. Y cada noche la princesa se asomaba y él estaba ahí. Lluvia, viento, nieve, nada lo movía. Los pájaros lo ensuciaban. Las abejas lo picaban. Pero él no se movía. Luego de noventa noches...se habia puesto... seco, pálido. Y le caían lágrimas de los ojos. Y no podía detenerlas. Y es que ya no tenía fuerzas ni para dormir. Mientras, la princesa lo vigilaba siempre. Y cuando llegó la noche número noventa y nueve...... el soldado se levantó. Tomó su silla y se fue...
(Esta princesa y la infanta de Wilde harían una pareja extraordinaria.) Me gusta este cuento -o lo que sea-. Despierta muchas interpretaciones -que están por ahí, por la red de Dios, entre foros y blogs-. Vosotros, fantasmas, ¿haríais lo mismo? ¿Os iríais en la noche noventa y nueve? Más aún, ¿os iríais en el penúltimo minuto de la última hora de la última noche? ¿En el penúltimo segundo del último minuto de la última hora de la última noche? Creo que no. Creo que sobre esa silla os convertiríais en funcionarios del tedio, en peleles, en fantoches. Creo que sobre esa silla encalveceríais hasta que os salieran escaras en el culo. Os la machacaríais hasta que terminase el plazo y luego os morrearíais con la cachonda princesa que os esperaría con las puertas abiertas. ¿No es verdad? En el pasillo azul las cosas muestran las caras que allá en la cordura no se podían ver.
Una masturbación y a la cama.

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

ya he coocido por ti dos cuentos de princesas, espero que algún día cuentes uno de principes.

julio 28, 2007 11:14 a. m.  

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