Cuando a una persona se le antoja ser obstinada, jamás hay que hacerla caer de su obstinación, sino propiciarla. La gente con arraigadas convicciones, prejuicios y fundamentos es gente similar a las buenas reses. Acaban lidiadas y, si dieron buen juego, algún taxidermista dejará su foto en la pared. Si una vez lidiadas no han dado buen juego, quedan como cenizas deshonradas y miserables.
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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