10.8.07

Hay miles de películas en las que se cuenta cómo convertir a un niño mimado en adulto (Capitanes Intrépidos es una de ellas). Miles de películas en las que se muestra cómo papá y mamá, tal y como Sócrates pontificaba, son mortales y no le queda más remedio al bebé de veinte años para arriba que mojarse la barriga y aprender a dejar de berrear como un cerdito criado entre palmitas.
Y nada educa como la guerra. Absolutamente nada. Ni ganarse el pan de oposición en oposición, ni ir promocionando de concurso en concurso. La guerra es el medio, la realización de uno mismo el fin. Todo lo demás son hemorroides nacidas de estar demasiado tiempo sentado. Las bayonetas de la guerra acaban por cicatrizar cualquier dolencia y le hacen a uno volar hacia la gloria o hacia el infierno (las dos caras de un mismo Cristo.)

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