9.8.07

Vacas

Hacer de vientre... dar a luz... consagrarse "papá" o "mamá" tras recibir los sacramentos de la (aquí cuatro letras) Madre Iglesia. Eso hace estilo en la piel de uno. Le consagra a uno como televisivo y mártir del confort.
Tener una bañera, una ducha, un bidé, un lavabo... ¡Esencial para olvidar que el cuerpo es un continente, un recipiente, algo que oculta procesos que se denominan "vida", pero que no conviene hacer explícitos!... ¡Y tenéis que ducharos más, marranillos, disimular que hay vísceras por ahí debajo que sudan, exudan y eliminan la total y absoluta toxina que somos!... ¡Y que seremos incluso después de muertos! Recordad aquel episodio histórico en los cementerios de París allá por el siglo XVIII, en que confundieron con fantasmas los ruidos que hacían los gases de los cadáveres. ¡Ya veis! Incluso semanas después de palmarla somos etéreos como gases que tienden a querer librarse de la cochambre del envoltorio.
Y hablando de lo "etéreo", propugno el eterismo como modus vivendi-moriendi. Es la mejor alternativa.
Para los que son alérgicos a sí mismos, hay que desensibilizarse, extirpar la causa de la alergia. ¿Cómo? Pues, deteniéndoos un segundo y mirando alrededor y preguntándoos como si de una pregunta del Un, Dos, Tres se tratara: "Atención, por 0,25 euros por respuesta, cosas que vean a su alrededor y que les permitan fulminar al yo de un plumazo; como por ejemplo: contener la respiración media hora. Un, Dos, Tres; responda otra vez." Así, a bote pronto, os llevabais cien euros en cuarenta y cinco segundos.
Un, Dos, Tres; Un, Dos, Tres; dentro de un momento, volvemos otra vez.

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