La Selva de Próspero

Sapere aude!

22.9.07

Molinos de Viento

Es otoño. Pero no es otro más ni un otoño distinto. Es un otoño acorde con el año que me ha tocado vivir. Para unos el mejor, para otros, otro más; para mí la peor de todas las cosechas. El vino del 2007 está envenenado; pero es la cicuta que yo he querido beber. En eso soy socrático.
Es otoño y desenlace, la estación en que las mentiras caen como hojas revelando que jamás fue uno engañado. Mentido sí, engañado no. Y el molino de viento está ahí, esperando el frío de todos los silencios. Y cuando todos se limitan a recordar, para mis aspas no hay recuerdos. Y cuando algunos miran el horizonte, mis aspas se mueven hasta que el viento cese. Total, ¡qué más da!

21.9.07

Dicen que te ríes de mí a mis espaldas.
Dicen que te ufanas de ser más que yo.
Dicen que me pones en evidencia cuando no estoy presente.
Y lo dicen como si escapase a mi propósito.

¿Sabes?
En las vitrinas de un mueble que decora mi salón
Estás tú.
Eres un muñeco lleno de alfileres que distribuyo escrupulosamente.
Eres una figura de cera con cabellos y objetos que te pertenecen.
Y aunque no lo creas real, yo sí lo creo.
Yo sí creo que cada alfiler te rompe el alma.

Y sonrío cada vez que, sagradamente, introduzco mi veneno en tu representación.
¡Llámame tonto!
¡Di que soy lo que te imagines!
Incluso necesito ser despreciable para ti.

Porque cada vez que esbozas una esperanza
Porque cada vez que proyectas un hijo
Porque cada vez que fijas algo como tu destino
Yo estoy en medio

Creo que ya sabes quién soy.
Yo era el más bello.
Y ahora es mi tiempo.

Vudú.

Dicen que alumbrarás un niño.
Pero no dicen que sus ojos, traspasados, están ciegos por mi voluntad.
Pero no saben que su corazón, lacerado, me pertenece.
Ni comprenden que será aborto cuando crea tomar decisiones.
Esto sólo es... vudú.

La noche es un viaje en coche hacia su fin.
Usa el acelerador...
Rompe la carrocería...
¡Estréllate!
Sólo el que usa la velocidad para perderse en ella sobrevive.
El que arriesga su vida la ganará.
El que la quiere conservar la perderá en la autopista.
¡Ven conmigo!
¡Ven conmigo!
Soy el dueño de los sueños.
Soy la motocicleta que, vacía, le dice al padre que debe reconocer los restos de su hijo en un lavatorio de restos.
Usa la velocidad.
Usa las ruedas.
Corre, corre, corre, corre; y dame cada víscera. Yo las limpio.
Quiero a cada hijo de vecino entregado a la velocidad de un viernes noche.
Quiero poner a prueba a cada padre cuando reconozca a su hijo entre tanto resto.
Sólo esto une.
Sí, sólo esto une.

Yo sé... que la esperanza cierra puertas
Y que pude haber sido más
Ahora todo está más allá de mi tiempo
Ahora estoy perdiendo mi mente
Es momento de no pensar...
Que pude ser caballero o redentor
Que pude desarrollar los talentos que Cristo hizo parábola
Pero también es momento de saber que tienes la respuesta
De saber que el brillo ya no brilla y que la oscuridad te ha oscurecido
Por eso...
Por eso...
Te digo:
¡Nunca! ¡Nunca más volvería a nacer!
Esto es el fin.
Mira a tu alrededor y dime quién no merece que su dignidad esté por los suelos.
Este es el fin y me alegra y me rindo hasta la tumba.
¡Nunca!
¡Ayúdame!
¡Vuélveme loco!
He vendido mil veces mi alma al diablo; pero parece que mi alma no es algo digno del diablo.
¿Tal vez lo es de Dios? ¡Valiente muerto!
En cualquier caso...
Despídete de tus padres, de tu familia, de tus hijos.
Porque estamos cayendo al borde del mundo.
Y no soy un profeta: solo un cáncer dentro de un cáncer al que todo cáncer devora.
Mira a tu alrededor.
¿Dónde te escondes?
¿Dónde vas?
¿Qué esperas?
Los filósofos han abierto el tronco de su figura con la verdad de un "no más".
Tú y yo estamos cayendo por el borde del mundo.
Tú y yo estamos cayendo por el borde del mundo.
Tú y yo estamos caídos.
Satán, ya no estás solo.

20.9.07

Tres Portas

Así vende tu hipocresía, así vende tu soberbia, así tu puerilidad sublimada en olvidos e indiferencia aduladora.
Mis ángeles no caerán nunca; y tú no eres ni tan siquiera un mal genio.
La luna es una peca que hace femenino a lo que carece de tono en sexo y verbo. Lo sabes y te tirarías por mil acantilados para olvidarlo, pequeña ignorancia, mirada enana, desprecio sin abrazos.
Ni hartazgo ni satisfacción: sólo la desmesura del absurdo que desde siempre me acompaña. ¿Y a mí qué? Quédate con las raíces del aire y con el polvo del viento: quien te maltrate te ha comprendido; pero yo estoy más allá de trato alguno. Ni vencedores ni vencidos.
Te sentarías y elevarías tu mirada a un no sé qué de estrellada indolencia; pero siempre que yo estuviese bajo tierra. Mi sonrisa es clara. Tu perdida pérdida es manifiesta.
Un pañuelo.
El laberinto ya no se bifurca (llora); las hojas están hechas ceniza y cada padre ha perdido su derecho a la ira. Los que lloran no tienen nada que añadir; ni una flor se riega con dolor ajeno. La danzarina está sola y la niña se ha ahorcado de la higuera. La Luna está muerta. Aquí me quedo, nos quedamos; tú y tus delirios seguirán sobre un humus de polvo y ceniza que no tienen historia.
Te quedas con el método. Descartes es tuyo. Te lo regalo. Lo mío, ya sabes, son los muertos. Quédate con la viva realidad. No agobia la realidad. A mí me queda el vino y la rémora de la libertad... Sí, la libertad, algo que jamás te tocó ni te tocará; algo que a mí jamás, y para mi desgracia, me abandonará.
Llorabas para construir muros de ira que olían a podrido.
Dormías para alejarte con desprecio de lo que nunca desprecia (jamás admiró).
Criticabas y criticas... ¡como con criterio!
El desierto es una palabra que se difumina. Tus labios están secos. Tus ojos no tienen brillo. Tu pelo se aja como las cobras en tiempo de cólera. Es el momento de que llueva sobre tu pozo la cólera de un mal bien conocido.
Tu rostro al viento, tu cabeza hacia las estrellas; pero tus pies arrastrando polvo y devoción hacia los que te flagelaron con sus vergas de hielo y costumbre.
Tu grasa resbalando sobre la hiel, tus rayos de hiena sonriendo entre poros quemados y podridos de entrega barata y sin más valor que un intercambio de flujo en el cieno.
Tus escaras esparcidas contra la Luna para dolor de los que dignamente se convirtieron en arena.
El camino no es blanco ni hay nieve que huela a estaciones cercanas. Tu escalera se desciende fácilmente, tus pechos se secan, tu vagina se comprime a estertores de hiel barata.
El camello saja su joroba, la vaca sus ubres, la madre su puerta reseca: cada cual te da el óbolo que cada hembra de chacal merece. Te pudre el viento y te desahucia la armonía.
He venido para hacerte daño y para verte morir en paz.
Todo desvirgar admiraciones tiene aroma de Loquillo; pero los sepultureros usan polvo de Rigodón. No hay comparación. ¡Para lo que vas a durar! Así que, sin consecuencias. Sólo un eco que reverbere en la oquedad de la Luna cuando se sacia su muerta vagina con niebla de barro. ¿Verdad, zorrita multicolor? Así se preñan de sangre abortada las rameras que se convierten en virgen cuando la noche las sume en un sueño violento. Los cuerpos tiemblan bajo un haz de nervios que se sofoca de espasmos nunca colmados. Así tú, ramera; así tú, viento de desierto inacabado y pobre. La llanura se alimenta de los pechos que lija y de los agobios que se convierten en flor de loto para cada esquina de barrio chino. Dame tu muerte y yo te daré el salivazo que cura al ciego y el hígado de pez que ahuyenta los demonios. Pero no me traigas como precio la cabeza de un Loquillo. Conozco tuberculosas flemas que valen por toda una discografía de un descoyuntado cogote de acémila -y que me perdonen las acémilas-.
San Miguel es más cruel que el diablo, ¡mucho más! Por eso venció a Satán cuando era Dios (cuando era Dios Satán, no San Miguel).
El camello bebe sangre. Mamá se ha roto el útero con el consolador de Cristo. Los muertos se pudren. Yo hago gárgaras con los gárgajos que el toro de la mansedumbre vomita.
Paz.

9.9.07

Mis sueños se perdieron; incluso el sueño de la voluntad. Ahora todo es un día a día en el que sólo busco la fuerza suficiente para sonreír a cada desgracia. Y las desgracias no dejan de sobrevenir y yo desearía sonreír y no dejar de sonreír.
Arriba, ya os lo digo, no hay nadie. Abajo tampoco. Si os lo digo con una cierta convicción es porque he estado. No hay nada: podéis estar tranquilos... o nerviosos... da igual. Yo os digo lo que he visto. Debéis comprender que yo ahora pertenezco a los categorizados como "no muy bien de la azotea". ¿Entendéis? Pero, en serio, y por si os sirve de algo: no hay nada. Podéis hacer lo que queráis siempre que no topéis con la sanción ante la transgresión de una ley. Por lo demás, "moralmente" (sea esto lo que sea y que puedo refutar en toda "regla"), estáis licitados para cualquier acto (sublime o nauseabundo); porque en ese juego de la moral el relativismo no se ha superado ni se superará nunca. Si alguna vez creéis que se supera, es porque un totalitarismo así lo ha decidido y, en ese caso, ¿hace falta otra prueba de que la legitimación es fraudulenta?
¡Pues eso! Que al que me lea le quede la sana conciencia de que no hay acto en esta tierra que se pueda calificar de bueno o malo. Sin duda, se admiten opiniones de todo género. Lo triste es que a uno le haya sido concedido el don o la pena de poder refutarlas. ¿Soy presuntuoso? Ojalá estuviese en el bando de esos que se ofenden ante la calificación de "presuntuoso": significaría que los predicados me afectan. Pero, lo sabéis, no es así. Vuestra muerte o vuestra vida están al margen y por encima y por debajo de mi vacío. No a mi altura.

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