El hombre de la montaña de plata...
No puedo decir que hayas vuelto; porque siempre estas ahí. Y tú eres como yo, ambos somos uno: el hombre de la montaña de plata. Pero ahora tenemos más cosas que decir, aunque sean las mismas. Y nunca podemos decir que sean las últimas.
Ahora sólo recuerdo el cuento aquel del prometido que debía esperar durante cien noches a los pies de un balcón. No es que lo recuerde. Es un presente viviente como el tiempo.
Dime, hombre, ¿hasta qué punto hemos intentado redimirnos del cansancio? ¿Hasta el punto de que un judío y un nazi son la misma cosa? Si es así, ¡brindemos! Eso y el nirvana no se diferencian en nada; y significa que hemos sufrido mucho y que nos hemos liberado de la voluntad. ¡Chin, chin!
¿Te das cuenta, hombre, de que la vida y la muerte nos resbalan? ¡Cómo no te ibas a dar cuenta si lloras cada noche frustrado y rendido por seguir aquí!

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