La fortuna de Olegario
Pidió al camarero una meretriz con bravas y... ¡dicho y hecho! La más puta furcia le fue entregada en bandeja de metacrilato. Y Olegario se sintió afortunado. Tenía el coño más usado sobre la mesa para él sólo durante unos minutos. La fortuna de Olegario le iba a sumir en la más siniestra de las pobrezas. ¿No es frustrante obtener un coño gratuito para todo el municipio a precio de oro? Disfruta hasta que el sida haga estragos en tu sistema, Olegario.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio