Pinta un cuadro, Maestro. Durero a tu lado quedaría como un político de nuestro tiempo: neutro, insípido e inodoro; pero sin la capacidad erosiva del agua. Pinta un cuadro, Maestro. Cuélgalo en la pared y que envejezca mientras el alcohol me abrasa las venas. Cuando esté sobrio, seré como Don Quijote: alguien que no tenía ni puta idea de que albergaba una voluntad. Cuando esté sobrio dejaré de ser mímesis para ser poiesis. Mientras, catarsis; es decir, una experiencia estética mutilada, como la de todo inicio navideño que prepara la guerra.
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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