Domina la masa
Noche fría. Y aunque nevara no dejaría de ser negra noche. No dejaría de serlo. Aunque el frío fuese de color blanco, aunque los dientes se pusieran blancos del susto, aunque mil osos polares nos diesen su blanca sangre para blanquear la negra alevosía de la noche. No por ello dejaría de helar negro sobre negro. Y, sin embargo...
Hay una cruz incolora que no soporta cadáver alguno y una señal por cuya señal de ningún enemigo libra. No hay nada santo, no hay santa cruz, ni señor, ni dios nuestro. Todo se ha vuelto minúsculo.
Hay un monte y una semilla y una misericordia de arrabal que pudre los huesos de vacío; pero no de frío, ni de nocturnidad, ni de animadversión contra nuestros enemigos. Nada es nuestro.
Hay un ángel gris como el color de la medianoche que los pobres incuban en la soledad de su cerebro. No es literatura, es cáncer de silencio.
Hay una luz entre la fiebre más blanca que la noche negra. Y la luz es una voz que indica lo más puro: "eresss una miegggda". Y todos nos sonreímos entre el Tajo y el Sena.
Hay un aldabonazo... Y entonces...
Los coágulos nombran al sudario, el fuego se retira. Cremación imposible. El gerundio de la muerte es un sudario cuya sangre no termina de secarse. La esperanza es el gerundio, la tranquilidad el participio. La linterna aún dispara ante dioses insospechados. Y la linterna es el miedo.
El frío espera.
Nos vamos.

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