La Visita
Antes del arrepentimiento... la verdad.
Prefiero cualquier sufrimiento (incluso desconocido e inimaginable) antes que la hipocresía. Mi lucha en este blog (si es que alguna lucha hubo) ha sido la de desterrar la hipocresía a favor del cinismo. He dicho en estas intervenciones cosas que no he dicho a los más allegados. He sido más "yo" que yo mismo. He sabido que la soledad es la cumbre que todo lo culmina independientemente del esfuerzo mayor o menor que se haga por llegar a ella.
Y yo llevo mucho tiempo en la cima. Lo más congruente llegado este momento es dejarse helar por los fríos que aquí calientan.
Es la hora de los asesinos y de los templarios, la hora de la reconciliación, la hora del misterio que no debe ser profanado, la hora de la muerte y del amén. Hay demasiada edad sobre estos hombros (tanta como soledad) como para permitirse nada común (y mucho menos el sentido).
De fondo, "Malagueña salerosa"; por principio, la fobia social.
Y los oráculos se equivocan cuando reconocen que se equivocan. "Incluso yo, ¡oh, Mar!, me equivoco y te pido perdón"; así habló el oráculo. ¿Desde cuándo un oráculo pide perdón? Una humillación más, otro Wagner cuya sombra se esfuma. Ahora soy más ateo que nunca, ahora el ananthropos se ha convertido en lluvia y ocaso permanentes.

2 comentarios:
¡Qué bonitos ojos tienes
debajo de esas dos cejas,
debajo de esas dos cejas
qué bonitos ojos tienes!
Ellos me quieren mirar
pero si tú no los dejas
pero si tú no los dejas
ni siquiera parpadear.
Malagueña salerosa.
Besar tus labios quisiera,
besar tus labios quisiera,
malagueña salerosa
y decirte, niña hermosa:
eres linda y hechicera,
eres linda y hechicera
como el candor de una rosa.
Si por pobre me desprecias
yo te concedo razón,
yo te concedo razón,
si por pobre me desprecias.
Yo no te ofrezco riquezas,
te ofrezco mi corazón,
te ofrezco mi corazón
a cambio de mi pobreza.
Malagueña salerosa.
Besar tus labios quisiera,
besar tus labios quisiera,
malagueña salerosa
y decirte, niña hermosa...
no sé si hubo lucha
-no luchamos para la victoria
nuestra victoria es la lucha-
pero sí muchas palabras que
no son inocentes, como ninguna,
pero son
-y la soledad es la cumbre.
¿Qué hay del alpinista que no regresa jamás?
Ya no es un alpinista: ése es un profeta.
¿Para qué la cumbre, la memoria de la cumbre, si no es más que para-uno? Y a la vez, si es para todos, ¿cumbre? ¿De qué?
Me remito a las primeras palabras de Zoroastro, tras más de dos mil años de muerte y soledad en las montañas, y dispuesto a bajar de nuevo - a la Humanidad. Se dirige al mismo Sol, y le dice:
"Oh gran astro, ¿que sería de tu gran felicidad - sin aquellos a los que iluminas?"
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