
Ajeno de lo ajeno: así se encuentra uno a sí mismo. Pienso esto mientras me humedece el vino del deseo. Los que te adoramos, no podemos adorarte; porque respetamos tu ser y tu mensaje. Los que luchamos, los que amamos, los que redundamos amor y lucha no podemos mostrar estandarte. Lo pusiste alto, demasiado alto, amigo. Yo sigo siendo bajo, demasiado bajo (emulando el título de una de tus obras y así manifestando que a veces retrocedo de mi condición de ananthropos). Nosotros no podemos pedir la muerte, ni pensar la muerte. Pero tampoco la muerte puede matarnos. La muerte se desvaneció en su antítesis y ahí siguen las dos a Dios rogando. Tú, yo, nosotros... ¡bastante tenemos con dormir sin ningún acaso!
