Hacia el fuego
Los que se saben engañados disfrutan más. Los que se creen dignos de engaño llegan a abuelos. ¿Se me entiende? Desearía que no. Pero da igual. Llegan los reyes magos en un planeta en el que se permite un vientre hinchado de hambre y un puñado de saciados que vomitan los restos de una resaca. ¡Y dirán que no hay Dios! Luego está ese dedo similar a polla que me podría acusar de demagogo; y mi polla similar a dedo que pasa la puntita por los que se autoproclaman jueces. Y así, la rueda de la fortuna sigue (acojonando a unos y matando a pajas a otros). Es la ley.

1 comentarios:
estoy a la espera de otro post. un poco más optimista (si se puede, si no no), por favor
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