La Selva de Próspero
Sapere aude!
27.2.08
¿Hace frío, verdad?... Es mamá que se está desembarazando, es mamá que te está desembarazando... Y yo sé, y tú sabes, mi niño, tú sabes... sabes tú muy bien niño de tu madre que mamá quiere que crezcas y aprendas. Porque un día, con más o con menos, hacia atrás o hacia delante te quedarás parado y algo te hará reflexionar. Sí, niño, porque todo animal reflexiona y algo así como que recuerda y se hace doble. Y es entonces, sí, entonces cuando hay conciencia de que se tiene conciencia y de que otros la han tenido. Y no hay sufrimiento sin conciencia de que se sufre y cuando un día tú recobres o adquieras la conciencia cual Quijote también sufrirás. Y sufrir es comprender: comprender que te echaron asqueados de ti, que erraste asqueado de ti, que tu asco asquea y por siempre seguirá asqueando. Sufrir es comprender que tu asco revuelve las tripas del mundo -y el mundo revuelve sus heces y nunca para de expulsarlas-. Por eso mamá, mi niño, te embarazó aquel día. Tras el vómito, el alivio; tras la evacuación, la plenitud del vacío; tras la erupción, el retorno a lo sencillo. ¡Adiós, mi niño! Algún día crecerás y nacerá tu conciencia y sufrirás. Entonces verás un invertido arco nombrarse sonrisa en mi cara y un dorado río lamerá las hendijas que den reposo a tus tensos miembros doloridos... Hace frío, ¿verdad?... Es la muerte: esa a la que los vivos toman como instante y a la que tú vivirás eternamente.
Ellos también mueren, aunque sin sufrir lo hagan
Siempre que tengas algo que perder, lo perderás. No sentencio así por creerme por encima o por debajo ni por necesidad de pulsar la sarna del teclado. Para perder algo hay que saber que se tiene y para saber eso hay que considerar propio lo que se tiene. Y basta que consideres cualquier cosa propia para que te la arrebaten. Es la ley. Esa ley como el amor de Auden. Por ello perderás la memoria, la mujer, el chico, la nostalgia; perderás todo aquello que siempre estuvo perdido en la realidad, pero que la imaginación consideró exclusivo. ¡La gran fuerza de la imaginación! ¡La gran fuerza del engaño de la vida! ¡La gran repetición!
Pero si no tienes nada que perder, si de verdad tienes la hoja a mano y comienza a cuchichear a la muñeca y a los ríos que gobierna... entonces ganarás. Así que abre el grifo de la bañera, abre las puertas del gas, abre las venas; porque sólo abriendo huecos a la vida la sentimos libre en su genuina ingenuidad.
De la hipoteca no te preocupes; ya la pagarán los extranjeros cuando se tiren a tu mujer, maten a tus hijos y se queden con tu cueva. La esclavitud siempre fue cosa de extraños. Es lo que tiene el nomadismo: anonada y nadea a los que navegan fuera del vientre que los escupió por indigestos.
Pero los extraños también mueren.
Quimérica rapidez
Una suerte de marasmo, una amniótica languidez, una suerte de mala suerte que me ha caído en suerte: eso es. Porque el instrumento de medir y lo medido no casan, por eso, ¡sí!; en efecto, por eso. Yo quiero el tiempo del reloj y la muerte de la guadaña (no para mí, sino para los demás y solidariamente –y no acepto dádivas irónicas-). Y aunque no sepa lo que quiero me adapto a la ira melancólica de los últimos acontecimientos (“últimos” porque vienen acaeciendo desde los últimos cuarenta y dos años de prisión). Y en esas estamos sin estar más que por la necesidad que obliga con indiferencia. ¡El purulento aburrimiento sin ocio! Todo sincopado, todo medido, a ritmo de feria y pim pam pum; dardo a dardo contra el pandero de la Luna. He visto llover a mares sobre las libélulas y se han reído de mí y me han culpado. ¡Soy culpabilidad con guindillas a lo Baphomet! De tanto ser se apesta a ignorancia.
Ansetobeah
"El problema de "nacionalizar" a un pueblo exige ante todo y consiste principalmente en el problema de crear condiciones sociales sanas, base en que ha de fundarse la posibilidad de educar al individuo. Porque sólo después de que un hombre ha llegado, gracias a la educación y a la escuela, a conocer la grandeza cultural, económica y, sobre todo, la grandeza política de su Patria, podrá sentir aquel íntimo orgullo que fluye del hecho de tener la honra de pertenecer a semejante nación, y lo sentirá. Sólo puedo combatir por lo que amo, amar sólo lo que respeto y, a lo sumo, respetar sólo lo que conozco."
26.2.08
La armónica de un labio en el aliento
Años en un punto y una tarde para poder enterrarlos y enterrarlos. Si tú supieras cuántas veces, si tú supieras... Y basta un momento, pequeñito e instantáneo, un sólo momento de brevedad... ¿Quién da vueltas? ¿Quién puede? Si todo es una tarde, ¡una sola y pequeña tarde!... Un muñequito, un paso estrecho, sal... ¡Carihuela Carihuela! La voz del que se queja, el "ay" en silencio, aire lento, llanto... Mamá me deja y nada nos deja... Sal, sal y llanto, a sal y llanto en medio del agua y cero. La campana es mi garganta y bailo, mi negro; ¿tú no bailas? Así en la sierra como en el yerro: ¡arrancando!... Para que te pare el semáforo de un muerto y te conviertas en leyenda. Te has quedado con lo mejor... ¡la tarde!... ¡Te has quedado en la tarde por las tardes de las tardes! Años en un punto y una tarde para poder enterrarlos y enterrarlos. La copa que desagua derrama un cauce de sangre. Años en un punto y una tarde por la sal de la sal. Si tú supieras, chiquitina, lo poco... Si lo poco tú lo supieras... Lo poco es planta de pie en la arena y negra suavidad, ¡Carihuela!... Hay un vino de luna llena, luminoso y menguante en un cuarto sin litera; vino y ¡aire! ¿No es así como se acaba?... Si hay pasillos en tu casa, ¡no importa! ¡No importa, no importa, para nada importa! Cuando suban y arriba entonces... Ya sabes... Cuando suban y arriba, tú abajo... Pero siempre la parada en la isleta de un sentimiento. ¡Vino lleno entre lunas para desembocar en paz!... Sin referencia, en una plaza, asolado y lento en suave paso es la acera la sal de la tarde y ¡Carihuela!... ¿Me dejas llorar? ¿Me dejas?... Gracias, gracias por existir como un "tú", imaginación.
Weiss Heim
Años en un punto y una tarde para poder enterrarlos y enterrarlos. Si tú supieras cuántas veces, si tú supieras... Y basta un momento, pequeñito e instantáneo, un sólo momento de brevedad... ¿Quién da vueltas? ¿Quién puede? Si todo es una tarde, ¡una sola y pequeña tarde!...
17.2.08
Era la tristeza. Ya no es.
Las nubes, la naturaleza, la niebla: todo adiós, siempre adiós.
Escucha, amigo (o enemigo: da igual lo que seas):
A mí ya no me puede mover el odio: esa es la quietud y el "saber estar" que da la proximidad de lo que no existe y que llamamos "muerte". Por eso la arrogancia de creer que se puede aconsejar. Por eso la arrogancia de escribir como desde un púlpito o desde un pabellón de concentración.
Escucha o lee; o pasa (mejor pasa, porque pasando se llega). Y te escribo que cualquiera que haya vivido o pasado por el tiempo de su vida puede no despertar ahogado por un vómito o por un colapso respiratorio. Y te escribo que cualquiera puede acabar deseando ese trance antes que volver en una capital a su desorden diario, a su "no pensar" disfrazado bajo las máscaras de las múltiples tareas que no aportan sentido ni estructura a este desorden de vida. Y te escribo que cada día es un derroche y una pérdida de voluntad porque todo quedó atrás y nadie sabe cómo fue o ha sido. Mis letras son un pulso que tiene que apagarse (es decir, mis letras son el consuelo de que mañana es posible que no haya autocompasión ni ira, que mañana no haya nada que me haga estar sobre la tierra, sino esparcido sobre ella). Te escribo que mientras la función dure o el teatro sea teatro, la muerte es una esperanza. De verdad, te lo escribo de verdad y sin ánimo de suicidarme, sino en la confianza de que "todos los hombres son mortales" y que yo, me declare como me declare, por fortuna en este antro, soy mortal. Y quisiera morir.
16.2.08
Visiones de lo que tú quieras ver, ¡ciudadano!
Lo que verás te hará ver y comprender, pero con los ojos en la seca y ajada mano cuya artrosis amenaza descanso. ¡Y qué descanso! Más eterno que el descanso de las pupilas de un gobierno. Los días sin trabajo, los trabajos sin días: aquí Hesíodo se abriría en canal y estamparía su cráneo contra la pared sin remilgos. Lo que verás te dará gloria y espasmos: ¡morirás de luminosas visiones! Serás una epifanía en cada huevo o en cada ovario. ¡Te morirás de luz! Tendrás luz y dinero, parsimonia y conceptos, ¡eterna satisfacción! Incluso te permitirás el lujo de ser rebelde y mostrar tu descontento con palabras lúcidas, con sentencias de "premio a la mejor paja en la blogosfera". ¡Vamos! ¡Que te rasgarás la vestidura, el himen y la vida con tal de mostrar que puedes manejarte en laberintos de pseudo-gloria con el látigo de la palabra! ¡A hozar sobre el teclado con perfusiones de mala hostia hecha verbo! Pero la primavera y el verano te aliviarán los hocicos digitales, tendrás amor, tendrás dinero, tendrás la posibilidad de descansar en unas vacaciones llenas de Sol, de ese Sol que se está extinguiendo mientras en su vientre bulle un cáncer pletórico de estrellas.
Y mientras Cristo busca los pañales que perdió en Navidad. Los busca para recordar que fue niño antes de que le empalen en la cruz.
15.2.08
Beata muerte, pulcra cuna
Más seco el mundo. Yo no; yo ya no estoy. Un romántico adiós, una despedida eterna que cobra cuerpo en el tiempo... Y cobrando cuerpo se lleva en pago una vida.
Supongo que nos hemos dejado la piel y los huesos, la palabra y la garganta; nos hemos dejado todo aquello que nos podría haber prolongado esta muerte en vida. Yo quiero vida en la muerte. Es mejor así. Es mejor dejarlo. Es mejor no mejorar nada que pueda empeorar. ¿Verdad? El adusto ángel de la muerte llama y con las alas toca. Las ocarinas preceden y una fanfarria viene detrás para calentar el bollo. Aquí se pudre todo. ¿Una danza de la muerte? Me río.
La lepra de la palabra no se cura con el silencio y hay demasiado leproso. Los niños deberían dejar de ser engendrados y los mendigos deberían de ser saciados. Y la duda contaminará este mundo así en la tierra como en el cielo. Me agobio, me reitero, salgo y entro, abandono la presión de los muertos en vida y en vida ya muertos por los siglos de los siglos. Todo es tan sencillo, todo es tan muerto, tan tranquilo que apabulla este reventón de corazón y de cerebro. ¡Muerte, muerte, muerte! Que el genio maligno abrase en esta noche, que todo escupa el pus de la desidia y el hedor de la indiferencia. Y tú, Satán, ponme los cuernos con Dios y vierte la sangre de los acomodados en una copa de hielo para que la beban los peces y los leones en el río aquel de la juventud dorada y puta.
Esta noche podría venir la muerte y yo sería un chulo ocho que extrae un hilo de sangre de su despanzurrado huevo de mentiras.
Ni aquí ni allí, ni acá ni allá: no hay una distancia ni un tiempo. Cada cual con su cosa y con su casa, con su caserío a cuestas, con su verdad embravecida de putería y caridad. Pero yo estaré allí cuando tú me necesites muerto. Por eso no temas: tendrás mis cenizas de hueso.
8.2.08
La niebla
El no frío
La arena
Puedes ver pero estás ciego
Puedes ver pero estás ciego
Puedes ver pero estás ciego
El vacío
La falta
La pena
Y el bodrio de estar bajo la ausencia de toda esencia
Las rocas
El velo del paladar entre la mierda
Quien tenga el alma de Dorian Gray que te compre
Y a Cristo que Le alcen
El no frío
La arena
Puedes ver pero estás ciego
Puedes ver pero estás ciego
Puedes ver pero estás ciego
El vacío
La falta
La pena
Y el bodrio de estar bajo la ausencia de toda esencia
Las rocas
El velo del paladar entre la mierda
Quien tenga el alma de Dorian Gray que te compre
Y a Cristo que Le alcen
¡Ya!
Con ese par de letras todo se solventa... ¡Se disuelve cualquier agobio! Y se demuestra todo desprecio. Aunque hay desprecios mayores... ¡El de la apagada indolencia que ya no busca nada porque todo huele a podrido! O sea, yo.
Dos letras que dan la espalda, egoístamente antropomórficas y ajenas al mundo de los otros. ¿Qué más da?
¡Ya! Eso es. ¡Ya! El deber cumplido, el acto consumado bajo la esterilidad del mandamiento, las tablas de la Ley en la mente como un cáncer que puede (o no) devorar la castrante razón. (Pero yo he conocido a la Gran Castradora: nadie podría mutilar un sexo del que hace casi una década que carezco).
¡Ya! Radical, puro, definitivo, letal; pero infantil como una rabieta de bragas de algodón mojadas. ¡Ya!... Tanto como "es suficiente", "basta", "se acabó". Pero con la economía del odio entre sueños y con la parsimonia del absoluto desprecio en cada poro interno... y todo regado con el clorhídrico ácido de la justificación.
Sólo me queda la risa a golpe de látigo.
2.2.08
Dasein
Y cuando menos se espera suele ser el cambio de escena. Por ejemplo, un ascenso, una condecoración, un evento que te hace saltar cualitativamente y, ¡de repente el cambio!, algo así como si saltases a algo distinto. Por decirlo de algún modo más claro: respiras y, a continuación, ¡ni sueñas con poder seguir respirando! Es decir, todo Cristo muere, pero todo Cristo se consuela con el cómo.
Y ahora algo de mí:
Estas letras, cuando las leas con tranquilidad, ante la pantalla o en papel... ¿Serán algo distinto? Supondrán tal vez que un cuento se ha acabado, que se ha acabado el cuento, tu cuento; que se te ha acabado el cuento. Las letras serán un ticket, pasaporte, pase al recinto donde todas las alcantarillas desembocan. Este vómito se ha quedado atragantado en mi boca mientras otros te vomitan el placer que buscas. Necesitas el golpe, la fractura, el desencanto: la bofetada. Mientras se escucha al doliente, habrá dolor; pero cuando se le deje de escuchar, la cólera de estar solo le mostrará que no hay dolencia.
Me han quitado acordes de vida. Y, ¿qué más da?
