Beata muerte, pulcra cuna
Más seco el mundo. Yo no; yo ya no estoy. Un romántico adiós, una despedida eterna que cobra cuerpo en el tiempo... Y cobrando cuerpo se lleva en pago una vida.
Supongo que nos hemos dejado la piel y los huesos, la palabra y la garganta; nos hemos dejado todo aquello que nos podría haber prolongado esta muerte en vida. Yo quiero vida en la muerte. Es mejor así. Es mejor dejarlo. Es mejor no mejorar nada que pueda empeorar. ¿Verdad? El adusto ángel de la muerte llama y con las alas toca. Las ocarinas preceden y una fanfarria viene detrás para calentar el bollo. Aquí se pudre todo. ¿Una danza de la muerte? Me río.
La lepra de la palabra no se cura con el silencio y hay demasiado leproso. Los niños deberían dejar de ser engendrados y los mendigos deberían de ser saciados. Y la duda contaminará este mundo así en la tierra como en el cielo. Me agobio, me reitero, salgo y entro, abandono la presión de los muertos en vida y en vida ya muertos por los siglos de los siglos. Todo es tan sencillo, todo es tan muerto, tan tranquilo que apabulla este reventón de corazón y de cerebro. ¡Muerte, muerte, muerte! Que el genio maligno abrase en esta noche, que todo escupa el pus de la desidia y el hedor de la indiferencia. Y tú, Satán, ponme los cuernos con Dios y vierte la sangre de los acomodados en una copa de hielo para que la beban los peces y los leones en el río aquel de la juventud dorada y puta.
Esta noche podría venir la muerte y yo sería un chulo ocho que extrae un hilo de sangre de su despanzurrado huevo de mentiras.
Ni aquí ni allí, ni acá ni allá: no hay una distancia ni un tiempo. Cada cual con su cosa y con su casa, con su caserío a cuestas, con su verdad embravecida de putería y caridad. Pero yo estaré allí cuando tú me necesites muerto. Por eso no temas: tendrás mis cenizas de hueso.

1 comentarios:
Te tomo una frase para un enlace.
Afectuosos saludos.
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