27.2.08

Ellos también mueren, aunque sin sufrir lo hagan

Siempre que tengas algo que perder, lo perderás. No sentencio así por creerme por encima o por debajo ni por necesidad de pulsar la sarna del teclado. Para perder algo hay que saber que se tiene y para saber eso hay que considerar propio lo que se tiene. Y basta que consideres cualquier cosa propia para que te la arrebaten. Es la ley. Esa ley como el amor de Auden. Por ello perderás la memoria, la mujer, el chico, la nostalgia; perderás todo aquello que siempre estuvo perdido en la realidad, pero que la imaginación consideró exclusivo. ¡La gran fuerza de la imaginación! ¡La gran fuerza del engaño de la vida! ¡La gran repetición!
Pero si no tienes nada que perder, si de verdad tienes la hoja a mano y comienza a cuchichear a la muñeca y a los ríos que gobierna... entonces ganarás. Así que abre el grifo de la bañera, abre las puertas del gas, abre las venas; porque sólo abriendo huecos a la vida la sentimos libre en su genuina ingenuidad.
De la hipoteca no te preocupes; ya la pagarán los extranjeros cuando se tiren a tu mujer, maten a tus hijos y se queden con tu cueva. La esclavitud siempre fue cosa de extraños. Es lo que tiene el nomadismo: anonada y nadea a los que navegan fuera del vientre que los escupió por indigestos.
Pero los extraños también mueren.

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