La armónica de un labio en el aliento
Años en un punto y una tarde para poder enterrarlos y enterrarlos. Si tú supieras cuántas veces, si tú supieras... Y basta un momento, pequeñito e instantáneo, un sólo momento de brevedad... ¿Quién da vueltas? ¿Quién puede? Si todo es una tarde, ¡una sola y pequeña tarde!... Un muñequito, un paso estrecho, sal... ¡Carihuela Carihuela! La voz del que se queja, el "ay" en silencio, aire lento, llanto... Mamá me deja y nada nos deja... Sal, sal y llanto, a sal y llanto en medio del agua y cero. La campana es mi garganta y bailo, mi negro; ¿tú no bailas? Así en la sierra como en el yerro: ¡arrancando!... Para que te pare el semáforo de un muerto y te conviertas en leyenda. Te has quedado con lo mejor... ¡la tarde!... ¡Te has quedado en la tarde por las tardes de las tardes! Años en un punto y una tarde para poder enterrarlos y enterrarlos. La copa que desagua derrama un cauce de sangre. Años en un punto y una tarde por la sal de la sal. Si tú supieras, chiquitina, lo poco... Si lo poco tú lo supieras... Lo poco es planta de pie en la arena y negra suavidad, ¡Carihuela!... Hay un vino de luna llena, luminoso y menguante en un cuarto sin litera; vino y ¡aire! ¿No es así como se acaba?... Si hay pasillos en tu casa, ¡no importa! ¡No importa, no importa, para nada importa! Cuando suban y arriba entonces... Ya sabes... Cuando suban y arriba, tú abajo... Pero siempre la parada en la isleta de un sentimiento. ¡Vino lleno entre lunas para desembocar en paz!... Sin referencia, en una plaza, asolado y lento en suave paso es la acera la sal de la tarde y ¡Carihuela!... ¿Me dejas llorar? ¿Me dejas?... Gracias, gracias por existir como un "tú", imaginación.

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